sábado, 21 de mayo de 2011

El Sol que nos alumbra



Pies y más pies, miles de pies que para echar a andar han decidido este sábado quedarse quietos. Pies jubilados, pies sin papeles, pies infantiles. “Papá, ¿qué es la clase obrera?” “Los trabajadores, hija”. Y mientras todos estos pies reflexionaban en compañía, otras cabezas pensantes exigían su desalojo por la fuerza.  Reducir la acampada de la Puerta del Sol –en otras no he estado-  a un problema de orden público, que puede serlo, es pensar sobre todo con los pies. Práctico, pero insuficiente. 

Tropiezo también en el centro de Madrid con manos y más manos que chocan, se estrechan, se entrelazan. Manos, parecidas y distintas, que a veces aplauden o se levantan para festejar las propuestas que enumera un megáfono. Algunas, útiles; inasumibles, otras. De la protesta a la propuesta. No es mal camino, aunque no me apetezca demonizar a los políticos ni acabar con los partidos, ni derribar el sistema. Si las elecciones son la fiesta de la democracia, la celebración en Sol se ha adelantado al sábado.   
Lejos de la plaza, y también de la realidad, los gatos de la TDT  maúllan alertando sobre las incontrolables turbas de desarrapados –así los calificó un comentarista- que el domingo por la tarde parecen llamadas a dominar el mundo. Otros, ¿más sutiles, más moderados?, se conforman con pronosticar la persecución de la clase media… En la vorágine conspiratoria, acaba asomando, cómo no, el fantasma del 13-M, las manifestaciones ante la sede del PP en víspera de las elecciones de 2004. Evitando, como siempre, el fondo del asunto: ¿quién decía la verdad sobre los atentados de Madrid, los ciudadanos o el gobierno de Aznar? Siete años después, se agitan de nuevo en los platós dedos y más dedos apuntando de antemano papeletas, ignorando el principal axioma de las calientes noches de escrutinio. El votante siempre tiene razón. Y la expresa en las urnas.

Asociar acampadas y cálculos electorales supone ignorar lo básico del 15-M. El descontento, la petición de cuentas, la esperanza en el futuro. Tanto tiempo reclamando una respuesta en la calle de la propia izquierda contra el Gobierno y, cuando se produce, a muchos no les satisface. Más aún, siembran la especie de que la ha organizado el ejecutivo para beneficiarse de ella. Se extrañan de que estos jóvenes airados apunten también al PP.  No, Mariano Rajoy perdió la oportunidad de abanderar la integridad de la clase política al designar
candidato a Camps frente a las evidencias del caso Gürtel.  En segunda instancia, las incógnitas del 2012: ¿reducirá el líder popular la sociedad para sanear la economía? Si llega al poder, tendrá legitimidad para hacerlo, pero que no espere que le aplaudan quienes ya se han sentido traicionados por Zapatero.
Caras pintadas, música. Una joven que regala abrazos. Las razones del corazón. Desde el domingo pasado, la Puerta del Sol se encuentra cubierta por una sobredosis de sentimiento. Difuso, contradictorio, y al mismo tiempo auténtico. Sea por el libro de Hessel, por las redes sociales, por el desigual impacto de la recesión, por la lejanía de los políticos, buena parte de la ciudadanía ha dado su apoyo inicial a la indignada okupación del kilómetro cero. ¿Ideales disparatados, calentón utópico? El lunes veremos. Quedará la ilusión para afrontar las hostiles realidades que nos han robado el sueño de un  Bienestar duradero. Tengo tres hijos y no sé si otro mundo será posible; pero estoy seguro de que, para ellos, sí podemos mejorar éste. ¿Por qué no intentarlo? 








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