martes, 11 de octubre de 2011

Las (ciento) siete vidas de Chanquete

Recuerdo el nudo en la garganta la primera tarde que murió Chanquete. Con el tiempo y las incontables reposiciones, el disgusto por el deceso fue difuminándose hasta reducir la escena a una manida y entrañable broma generacional, precedente indudable de los actuales fenómenos virales de Internet. El pescador falleció en la pequeña pantalla en los primeros meses de 1982, cuando España esperaba ilusionada los milagros de Naranjito. La democracia parecía consolidada tras el fracaso del golpe de Estado, pero la situación económica era, para variar, preocupante.

RTVE, la única televisión que entonces existía, recupera este otoño incierto en su web –¡Chanquete en la Red!- todos los capítulos de aquel preadolescente “Verano azul” de Antonio Mercero. Si los Alcántara crecieron con Franco y prosperaron con Suárez, se enfadaron, se arrejuntaron y tuvieron hijos y hasta nietos, la pandilla de Nerja ha quedado atrapada en el tiempo, vagando por su particular día de la marmota con pantalón corto y flequillo. Treinta años después, la tensión sexual de Pancho y Javi en torno a la floreciente Bea ni se ha resuelto ni se resolverá; más bien ha quedado confinada en el desván de los improductivos pecados de pensamiento.

Chanquete era un indignado, un revolucionario, un antisistema. Vivía en un barco varado entre tomates, contagiando a los pequeños urbanitas sus ideales subversivos de sencilla felicidad en un pueblo de pescadores. En uno de los capítulos, el visionario  guionista describe el acoso al marinero por parte de una inmobiliaria –“Promovisa”- que pretende arrebatarle los terrenos para construir pisos. Aunque aquel domingo la pandilla salvó el pellejo cantando “No nos moverán”, un paseo por la actual España costera deja patente quién ganó la batalla.

Julia, más que pintora, parecía una perroflauta frustrada. A juzgar por ciertos comentarios despectivos, la bohemia no gozaba de buena fama entre los bienpensantes progenitores  de los jóvenes veraneantes. En eso también hemos empeorado, cediendo al encanallamiento colectivo. ¿Qué opinaríamos ahora al enterarnos de que nuestros hijos  disfrutan las tardes estivales con dos adultos a los que apenas conocemos?

“Verano azul” fue, a su manera, una serie moderna. Que hurgaba en el distanciamiento sociológico entre la ciudad del invierno y el pueblo del verano, que enfrentaba las convenciones de los mayores –ese guateque tan aburrido- a las incipientes rebeldías de sus chavales, que exploraba algo tan añorado como los sueños de la adolescencia. Fue, al mismo tiempo, conservadora y profundamente familiar. Al margen de suecas en biquini y de otros especímenes playeros, en las antípodas de los truculentos melodramas contemporáneos de Almodóvar, con una banda sonora de silbidos y guitarra con mensaje.  

Que tiemblen “Perdidos”, “House”, “Mad men” o “The Wire”. Que se agiten las redes sociales. Que los visitantes colapsen el servidor de RTVE. Cuando el planeta se estremece entre revoluciones sangrientas y erupciones volcánicas, cuando el mosqueo colectivo nos remite a la desesperanza del paro, a los sobresueldos corruptos, a los errores fundacionales de la democracia, regresa el superhéroe de “La Dorada”. ¡El 20-N, vota por Chanquete!  El único español que nunca quiso cambiar de casa, el profeta de la Naturaleza y la sostenibilidad, el depositario de los secretos de la vida eterna.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Santiago....es la 3ª vez que lo intento...¡qué diferente es ver la campaña pre-elecoral desde aquí!. Pero luego, ves la protesta en 82 ciudades y te das cuenta de que es global, como el problema....No creo que ningún gobierno sepa cómo sacar al planeta del atolladero, aunque, más que nunca, hay que seguir ....Gracias por estar ahí...Muchos besos.....Tana

Santiago Saiz de Apellániz dijo...

Sí, desde luego, la protesta es global.... con sus variantes locales. Un abrazo, Tana, gracias por leerlo y comentarlo. Buen viaje