martes, 21 de junio de 2011

Cosecha de los ochenta

Reunión de antiguos alumnos del Colegio de Lourdes
Los más fardones tenían motocicleta; los repetidores, pelos en las piernas; para los empollones siempre hubo  bolas de anís. Colegio de Nuestra Señora de Lourdes, Hermanos de la Salle, Valladolid. Entramos en blanco y negro, cuando Franco declinaba y Cruyff acababa de fichar por el Barcelona (1974). Salimos en junio del 86: Felipe González ganaba por segunda vez en España. Maradona, ya en color, avanzaba hacia la conquista de México.

Hace 25 años estábamos dando vueltas a la maldita palabra pintada sobre la puerta del futuro: Selectividad. El sábado, conscientes de que las notas ya no importan, nos reunimos para recrear legendarias batallas. Profesores exigentes, alguna mano larga, generación "sólo chicos", el aroma a tigre del compañerismo. Hemos dejado atrás los  40, pero nos reconocemos en aquellas fotos ochenteras, de acné y tupé al estilo nueva ola.  Ya mirábamos a la moda de reojo, nos sorprendía  ese compañero vanguardista al que bautizamos como “el punki” porque escuchaba a Siniestro Total.  

Fuimos privilegiados. Tuvimos laboratorio con animales disecados –ahí siguen, por los siglos de los siglos-, gimnasio para no mojarnos y excursiones a la finca a jugar al fútbol. Allá por 2º de BUP, hasta clases particulares de informática. Había que prepararse, pronto vendría el Spectrum. En julio, de niños, podíamos ir de campamento a Somo. De adolescentes, a Brighton, para profundizar en nuestro incomprensible “spanglish”. Ya con afeitadora, viajamos de peregrinación-fiestorro a Portugal, montamos un desfile de moda, comenzamos a frecuentar discotecas.   



El Orfeón Brutal, 1986
En COU habían  llegado ellas. Chicas, sí. Arregladas, con un olor distinto o inexistente. (Menos mal que entonces no teníamos Gimnasia). Intrépidas para adentrarse, aun obligadas, entre una manada de machitos en prácticas y sin vacunar. Algunas fueron tan intrépidas que en la jungla encontraron su medio limón. Otras, que no han perdido la audacia, todavía se acercaron a compartir las risas del aniversario.

El sábado nos fotografiamos sonrientes. Recorrimos un colegio renovado, con guardería (¡retretes comunitarios!), taquillas, pizarras digitales, y alumnos con portátil y USB. En la misa se citó a Azaña y a Miguel Hernández. A mi lado, el entrañable hermano octogenario que, cuando se enfadaba en clase de Literatura, exclamaba a voz en grito  “¡me cago en la ley del divorcio!”. En este punto, prefiero el presente.


Comimos entre anécdotas y carcajadas. A media tarde, reputados doctores, eficaces funcionarios, profesionales de éxito y demás gente de bien, seducidos por poderosas razones estrictamente analizadas –“cubatas a cuatro euros”-  nos dejamos arrastrar hasta un garito cercano. Entonces se llamaba “Crisis” -¿premonitorio?- y despachaba pinchos de tortilla y jarras de cerveza. Hoy, más elegante, se le conoce como “Susi” y atiende a un público de, en fin, nuestra edad. El idealismo. “Estás igual que siempre”. El realismo. “Me has tirado la copa”. Las despedidas, algo pastosas, se fueron retrasando. “Qué bonita la amistad”. Tranquilos, nos vemos en cinco años.

Un equipo legendario, hacia 1977
Hace muchos, a los nueve o diez, por influencia de mis mejores compañeros o por falta de personalidad, cambié las clases de flauta por el baloncesto. Olvidé las corcheas, a Mozart y desprecié por la canasta mi pedestre inspiración goleadora. A cambio, quedé varias veces campeón de Valladolid con un equipo irrepetible y creo que fui aspirante al título mundial de minutos en el banquillo. Da igual. Hoy sigo orgulloso de aquellos amigos. Y de muchos otros. He ganado.  


"Estás igual", "Pues anda que tú..."


4 comentarios:

Lola dijo...

La palabra pintada en la puerta del futuro...tal cual!(y esa puerta había que abrirla, si o si, salvo que te llamaras Peter Pan)
Esto de reencontrarse con la infancia (más o menos tardía) es una sensación tan rara, tan especial, verdad? Nunca está presente en nuestras vidas, y cuando aparece, tan cercana, parece que nunca se ha ido. Que nunca se irá. Dicen, somos nuestra infancia...

Anónimo dijo...

Lola, de tal palo...
Santi, me ha gustado mucho tu artículo y más q les va a gustar a todos esos amigos q tienes y cuidas desde hace ya tantos años. Enhorabuena y Suerte con el futuro!

TETO dijo...

Muchos de esos cuarentones de pelo cárdeno y frente despejada somos amigos desde 1974. Con diferentes grados e intensidades, pero seguimos siendo AMIGOS. Es uno de los grandes tesoros que descubrimos en "nuestro cole". Estaremos siempre orgullosos de la educación recibida, de los valores adquiridos y de los amigos conquistados. Como lo estoy yo de Santi, uno de los puntales de la quinta del 68. Referente intelectual, afable en el trato, hábil con la pluma y experto en relaciones humanas.
Gracias por tu amistad y por tus sabias reflexiones.

Santiago Saiz de Apellániz dijo...

Gracias, Lola, yo siempre saqué buenas notas, pero aún así, en COU la palabra clave era Selectividad. Parecía que detrás no había nada. Hoy vemos que afortunadamente, había más opciones... Somos la infancia, por supuesto,,,,y creo que también lo que viene después..Seguro que, al contrario de los que reunimos el sábado, hubo otros alumnos que lo pasaron menos bien en el cole...Yo no tengo mala experiencia, pero comprendería que otros la tuvieran. Fueron años divertidos, también difíciles.
Anónimo, gracias, siempre he procurado cuidar a mis amigos,, del cole y del resto de la vida,,,soy feliz así, no podría ser de otra manera. Super Teto-Cárdeno, eres un crack...Ahí estamos, ya en las fotos de primero de EGB...algunas juergas nos contemplan!!! Yo creo que he cambiado bastante, incluso ya no vivo en la ciudad, os veo menos,,, pero también por eso disfruto enormemente estos momentos. Gracias a todos.