viernes, 2 de agosto de 2013

Operación Salida



De madrugada, cuando creo que nadie me ve, acelero. Una carretera desierta por delante. La ciudad, a mi espalda, expulsó hace horas al último insomne. Concentro entonces toda mi sensibilidad en los dedos, entrecierro los ojos, contengo la respiración. Rápido, más rápido, mieeerrrrrda. Dos luces y un frenazo.“Tome”. “Chasgracias”. “Quitiene”. “¿Está bien?, ¿qué le ocurre?”. “Nada, nada, continúe, chasgracias”.

La fortuna, harta de ingratos, protege en ocasiones a los corredores furtivos. Prometí no volver a hacerlo cuando recibí un aviso de despido. Tres vehículos parados, esperando, mientras yo batía mi récord de puntuación. Fingí  problemas con el ordenador pero una cámara me había grabado. Primero llegó la bronca. Más tarde, el mail recordándome las normas. ‘Está prohibido jugar a la videoconsola en la cabina del peaje’. El jefe, quizá por humillarme,  trató de ser condescendiente. “¿Por qué no mira las fotos del Facebook, como todos?” 

lunes, 15 de julio de 2013

Argumentario mariano, de la A a la Z

Mariano Rajoy, este lunes (www.elmundotv.es)
'Al final, la vida es resistir, y que alguien te ayude, tampoco hacen falta muchos...' Mariano Rajoy ha interiorizado la pildorilla de autoayuda que envió por SMS a la esposa de Luis Bárcenas. Es probable que Rosalía Iglesias, al verla publicada en El Mundo, le devolviera el mensaje con idéntico texto pero algo menos de cariño. Luces rojas en Moncloa. ¿Comunicación de crisis o crisis de la comunicación? Más allá de los prolongados silencios, de las evasivas reiteradas, al presidente nunca le han faltado argumentos originales.   

-‘Al pan, pan; y al vino, vino’. La sabiduría del pueblo. Su primer mandamiento en la oposición. Luego, en Moncloa, llegaron los eufemismos. Hace unas semanas Rajoy se quejó públicamente de que la realidad, escurridiza y veleidosa,  le impedía cumplir su programa. Quiso regresar al realismo, pero sonó a resignación.

-B, la inicial del primer apellido de un ex tesorero del PP que el presidente preferiría olvidar. Podría conseguirlo, porque en sus SMS se dirige a él por el nombre, acaso se conozcan. ‘B’, esa otra contabilidad del partido que viaja en sobres y, según testimonios por confirmar, en cajas de puros. B, primera letra de la capital comunitaria, la otra sede de nuestro ejecutivo. B, el segundo plan si lo hubiera.  

-Cenizos, eso es lo que somos. ‘Lo que pasa es que a veces tenemos una cierta tendencia a contar las cosas que no son las mejores’, aseguró la semana pasada. Para eso, está claro,  mejor callar…

-‘El Estado de Derecho no se somete a chantaje’. Chí, cheñó, bien dicho. Alto, rotundo y claro. Leído despacito y mirando a la cámara. Un buen titular en términos comunicativos. Afirmación de lo general para evitar lo particular, si cobró sobresueldos y su relación con un presunto delincuente.  

-'A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión, que también es tomar una decisión'. De la escuela sofista. Cuando pronunció esta frase, Rajoy sopesaba pedir un rescate para España; después de aplicársela a sí mismo, afirma que cumplirá su mandato. ¿Y si la dignidad del Estado de Derecho aconseja precisamente que se le rescate del presidente?   

viernes, 17 de mayo de 2013

Abecedario de la democracia: M

Mayo, movilización

Llueve de nuevo, diluvia en mayo, cuando la conciencia se revuelve contra las noticias y salta por la ventana. Aunque nuestros ideales empapados sean incapaces de remontar el vuelo, aunque las botas desgastadas por el roce agreste de la recesión no puedan despegarse del fango. A pesar de tantos  ‘aunques’, sorteando unos cuantos ‘peros’, libre por un rato y sin embargos el espíritu crítico retorna a la plaza, pide la palabra y se sienta a debatir sin micrófonos. Democracia se llama si no crea violencia en la calle.    

Mayo, mes de movilizaciones rejuvenecidas, de utópicos jaques a la realpolitik del déficit. ¿Y si al final, apagado el ruido, no hubiera nada?, nos preguntamos al atardecer, adultos y dispuestos a firmar el enésimo empate que, como los anteriores, concluirá en otra derrota pírrica de nuestros principios. ¿Cuál es el legado del 15-M? La denuncia certera de un Estado en riesgo de desplome por la ineficiencia, la inmoralidad y los privilegios. Y la ilusión de los ilusos, un tesoro oculto en la ciénaga de la resignación ciudadana.       

miércoles, 1 de mayo de 2013

Filípides, periodista

Corremos para sentirnos más vivos, incluso coleando, aunque haya que madrugar este desapacible domingo de abril. A las ocho de la mañana, cuando algunos regresan de fiesta, la plaza de Cibeles se encuentra abarrotada de 'zombis' bien pertrechados, de complexiones diversas y texturas color fosforito. Algunos empiezan a calentar, la mayoría estamos helados. Los más precavidos, quizá frioleros, estiran en una estación de Metro, aun conscientes de que, cuando les llegue 'el muro', no habrá escaleras mecánicas para superarlo.

Muchos parten en grupo, bien abrigados frente al cansancio. Cuando, pasadas las nueve, echamos a andar desde el último cajón en manifestación sin pancarta hacia la salida, siento que, como los jugadores del Liverpool, nunca caminaremos solos. Hace minutos que los más rápidos, los que compiten por la victoria, queman zapatilla Castellana arriba. Los novatos intentamos simplemente no tropezarnos y tomar alguna foto sin proclamar demasiado nuestra condición de turistas.

Corremos porque necesitamos retos. Gina, de 63 años, comenzó a los 50 y desde entonces no ha parado. Hoy va a hacer 10. Paloma, profesora, veterana de esa distancia, salta por primera vez a los 21 km "Veremos qué tal". Y Martín, cumplidos los 40 años, lleva desde enero preparando del debut en el maratón completo. Cuenta que el sábado estaba nervioso, pese a que el plan, siesta y museo, invitaba al relax. Ha dormido regular.

viernes, 12 de abril de 2013

Abecedario de la democracia: P

P: Presidente, pantalla, plasma, periodismo.

Cada minuto que el presidente se confina en la pantalla de plasma, diez ciudadanos convencidos abominan de nuestra democracia menguante. De repente Mariano frena, imposta un énfasis, abre ese paréntesis de solemnidad para el aplauso casi enlatado de los suyos. Al otro lado de la pared, la perorata autocomplaciente se disgrega pegada al techo hasta deslizarse por la espalda de varias decenas de periodistas. Algunos, profesionales y apresurados, recogen del suelo en silencio cinco palabras, un proyecto de titular, acaso el embrión de una idea destinada a la nada. Hace tiempo que la calle estalló en griterío, hace demasiado tiempo que un político abrió la ventana por última vez.

Cada mañana que el presidente se presenta, bidimensional y sordo, en la pantalla de plasma, los votantes nos aposentamos en la ficción. Algunos, más jóvenes, quizá más crédulos, rodean el televisor para aprehender el volumen de la realidad. Pero detrás no hay nada. Y dentro tampoco. Así que mientras Rajoy esgrime la enésima excusa contra Europa, los espectadores cambiamos de canal para recibir las órdenes directamente de quien manda: Bruselas. El presidente, entretanto, se queda suspendido, con la mirada extraviada, moviendo los brazos, como si intentara regalar una esperanza que nadie está dispuesto a recibir.