lunes, 9 de enero de 2012

Matices

Estoy a favor de pagar impuestos. Porque son un mecanismo efectivo de reducción de la desigualdad, porque pueden crear riqueza colectiva, porque los considero convenientes para el bien común. Y aunque me disgusta recurrir a la dialéctica de ricos y pobres, estoy en contra de que, a la hora de recaudar, acaben recayendo especialmente sobre trabajadores y ahorradores. No, no propongo pagar menos; al contrario, ahora que hace falta recaudar, propongo que las grandes fortunas paguen más. Si no es mucha molestia.  

Estoy a favor del euro. Admito que el cambio de moneda ha mermado nuestra capacidad adquisitiva, que nos hemos ido igualando a Europa en las cargas y no en los sueldos. Pero recuerdo la satisfacción general cuando la convergencia pilotada por Solbes y Rato nos condujo a la primera división europea. Y creo que algunos objetivos, como el camino hacia la unidad del viejo continente, merecen sacrificios. No, no pienso que la crisis se deba al euro, aunque también dude de las recetas comunitarias para escapar de la recesión. Si el problema es esta Europa, la solución será una Europa mejor.  

Estoy a favor del Estado del Bienestar: de la educación y de la sanidad públicas, aunque atraviesen años de recortes e interesados desprestigios, de verse retratadas como el ejemplo de la ineficiencia. Estoy radicalmente a favor de los funcionarios que funcionan, e incluso sostengo que ellos mismos serían partidarios de vincular la permanencia en la Administración a la productividad laboral. Por una cuestión de justicia, de reconocimiento del propio esfuerzo. 

Estoy a favor de las Comunidades Autónomas. Me parece que la descentralización ha sido una solución política hábil para amortiguar las tensiones entre los nacionalismos y el poder central, incluso que ha acercado el Estado al ciudadano. Pero me opongo a que las comunidades dupliquen estructuras desmesuradas, multipliquen los gastos de representación o se aferren a la dinámica de la tensión  y el agravio en una competición desleal hacia los vecinos, hacia el poder que central que les cedió sus competencias. Cuánta energía desaprovechada.

Estoy a favor de las televisiones públicas. E independientes, añadiría. Porque pueden constituirse en instrumentos de interés ciudadano, en motivo de reconocimiento colectivo, en una muestra de madurez democrática. Estaría dispuesto incluso a que optaran, aunque únicamente en condiciones de igualdad, por la retransmisión de grandes acontecimientos deportivos. Me espantan, sin embargo, los medios de comunicación pagados por todos y abrazados a los gobiernos. Un insulto al público, a la profesión periodística.

Estoy a favor de los políticos. En mi inocencia cuarentona, acepto que muchos actúan al servicio del interés común. Y aunque veo a algunos sentados en el banquillo con los bolsillos presuntamente llenos, y  a otros que se dirigen hacia él, también recuerdo a los concejales de muchas localidades pequeñas que dedican horas sin recompensa a intentar solucionar problemas de su comunidad. Y sobre todo abomino de aquellos empresarios de éxito que se auparon al poder con el aval de sus éxitos en los negocios y han acabado arruinando eficazmente el crédito de las instituciones.

Estoy a favor de la Corona. Por la estabilidad, porque Juan Carlos I ha ayudado a instaurar y consolidar la democracia que disfrutamos. Por la convivencia, porque recordando las críticas descarnadas a Suárez, Calvo-Sotelo, González, Aznar y Zapatero me cuesta imaginar el respeto institucional a un político en la Jefatura del Estado. Por mero sentido práctico, porque intuyo que Felipe de Borbón está preparado eliminar negocios familiares opacos, para adaptar la Corona al siglo XXI. No presumo de coherencia: asumo que hay pocas cosas tan escasamente democráticas como la sangre. Pero soy raro, tan raro que estoy a favor de pagar impuestos.

3 comentarios:

Gooseboy dijo...

Pues de las cosas que dices, yo estoy de acuerdo en todas... menos en lo de la corona. Eso sí que no veo por dónde cogerlo. Tenemos un rey estupendo y su hijo quizá también lo sea, pero no puede ser así. Por principios. Cualquier día no serán estupendos o nos encontraremos con que ya antes no lo eran.
Me da envidia Napolitano, el presidente de Italia, que se ha plantado en ocasiones cuando su primer ministro desvariaba. ¿Es necesario que la jefatura del estado esté politizada? ¿Acaso no podrían ser un Antonio Garrigues o un Nicolás Sartorius, por poner ejemplos de ex-políticos, buenos presidentes de la república española?
Y de los impuestos, sí, tendríamos que pagar más impuestos, muchos más, y aún más cuando las cosas iban bien. Deseo que llegue un partido que se llame "de izquierdas" y diga que va a subir los impuestos, pero parece que en este país eso no existe.

Anónimo dijo...

Muy de acuerdo en todo, pero ya sabemos que en este país lo de la coherencia no se estila mucho.
Besos
La dipu

Santiago Saiz de Apellániz dijo...

Gracias por vuestros comentarios, lo escribí un poco a la carrera, con el ordenador medio colgado y hasta cierto reparo: ¿en realidad tiene sentido revelar tus creencias públicas?. También con decepción, comprobando cómo muchas instituciones e iniciativas que creíamos positivas se han pervertido hasta el punto de que nos parecen inútiles o corruptas. Aroma a decepción, a fracaso colectivo, pero, como siempre, toca seguir remando. Gracias.