lunes, 3 de diciembre de 2012

Cap. X: Prejubilados, mediopensionistas


Ahí estaban. Ubicuos hasta el hastío. Hoy en las portadas, mañana calentando las tertulias más combativas. Para mortificarles con su fructífera prejubilación. Orondo y satisfecho, uno. Afilado y apocalíptico, el otro. Felipe y Aznar. Arrugas de gurú, tono profesoral, generosas nóminas. Sus capas de superhéroe, sólo visibles para los sucesores, se habían vuelto transparentes. Galones de guerras ganadas; las derrotas, enterradas en la memoria selectiva de sus seguidores. Mariano arrojó los periódicos sobre la pila de carpetas con la etiqueta de  ‘urgente’ y escribió por Twitter un mensaje privado. ‘Alfredo, que han venido, están de nuevo aquí…’ Rubalcaba ni siquiera contestó. Una amable militante de Murcia le había amarrado del brazo al entrar en el mítin, y no paraba de recordarle lo atractivo que era cuando ejercía, con camisa rosada, como portavoz del gobierno de González.  

El pasado regresaba, grandilocuente y engorroso, para repartir nostalgia por los periódicos, para regalar desolación en las movilizaciones de una España a duras penas apuntalada. Médicos en huelga por sus pacientes, belicosos profesores de mani con los alumnos, abogados enfrentados a las tasas, jueces ansiosos por sentar cátedra contra los indultos del ministro. ‘¡Soraya, ayúdame, que atacan las clases medias…!’. Tan sobresaltado se despertó Mariano de la cabezada que, acaso por consolarse, masculló: ‘Pero estos no eran los nuestros…’ Todavía con la camiseta de Casillas y la frente sudorosa, reclamó desde la puerta del despacho la encuesta semanal, temeroso de haberse convertido para la eternidad en el indestronable líder del Partido Impopular.

El presidente no pudo acabar la merienda. ‘¡Traemos la pasta!’. Montoro y De Guindos llegaban casi marcando el paso, un maletín con la bandera europea en cada mano. ‘Es una muestra, para posar, generar confianza, el resto lo ingresan la próxima semana…’. Mariano se mantuvo pensativo y algo desconcertado mientras sus hombres de gris, relajados y desinhibidos, preparaban una porra sobre la prima de riesgo, jugaban a hacer construcciones con los fajos, apostaban 'doble o nada' si los rascacielos de euros aguantarían semejante burbuja de liquidez. ‘Las condiciones, ¿dónde están?’ A su pesar, las palabras del presidente quebraron el repentino hechizo de una riqueza ficticia y probablemente inmerecida. Revolvieron los cajones, vaciaron la papelera, escudriñaron en la dieta de la trituradora hasta que los papelitos, doblados y manchados de chocolate, asomaron una esquina desde el interior del álbum de cromos de la Liga. Justo entre los últimos fichajes. ‘Ejem, repasemos…’     

Diez minutos más tarde procedían, más calmados, a recolocar los billetes. "Estos para los bancos; esos, por los intereses de la deuda; aquellos, para rescatar comunidades; un puñado, -lo siento, Artur- para españolizar..." Las manos de los ministros jugueteaban con los montoncitos, componiendo una estampa de trileros y comisionistas. Rajoy, sin embargo, callaba; la mirada perdida, el gesto taciturno. “¿Y las pensiones?” “No queda dinero” “¿Ni con la amnistía a los ricos?” “Tampoco” “He dado mi palabra” “Debería haberla empeñado, todo suma”. El croissant del presidente, indudablemente inquieto ante el signo de los tiempos, había empezado a encoger.

En el ordenador, la macroeconomía del Powerpoint parecía encauzada hasta final de año. Tras la puerta del despacho, las carpetas sobre el rescate calzaban sin esfuerzo la rueda delantera de la bicicleta estática. Apoyada en el alféizar descansaba la podadera mellada, quizá agotada de cortar y no pegar jamás. Desde la ventanilla del coche oficial, la Navidad pintaba triste, teñida de gris. Mariano no acertó a reconocerse en el espejito interior. A diferencia de sus antecesores, el mago del milagro económico no parecía henchido de orgullo ni mucho menos vigoroso. Quizá algún día llegara a prejubilado de lujo. Ahora se conformaba con no verse retratado como el agorero que dividió los panes y los peces, como el recaudador que, con subidas  y recortes, comenzó a reducir los pensionistas a mediopensionistas.  

Capítulos anteriores

Capítulo I: Gente pa tó
Capítulo II: El superhéroe de la podadera
Capítulo III: El hombre invisible no tiene bolsillos
Capítulo IV: La fiambrera de las palabras resecas
Capítulo V: "Yo no soy un chisgarabís"
Capítulo VI: Erre que erre
Capítulo VII: Ma_iano quie_e se_ no_mal
Capítulo VIII: Reñido con la realidad
Capítulo IX: El desahucio nacional 




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fantástico ,como siempre.Besazo.Inma

Santiago Saiz de Apellániz dijo...

Gracias, disculpa la tardanza en responderte. Vi el comentario hace tiempo y pensaba que te lo había agradecido, pero me he dado cuenta de que no... Felices fiestas, feliz 2013