jueves, 2 de noviembre de 2017

La 'españolada' de Puigdemont

Foto difundida por @miquelroig en Twitter 
Carles Puigdemont, el molt honorable protagonista de la estresante serie política del otoño, trata de presentar en Bruselas la nueva temporada de ‘El procés’. Mientras él viajaba de forma discreta para gritar a Cataluña 'Ja no sòc aquí’, los partidos que respaldaron su nombramiento decidían participar en las elecciones autonómicas catalanas del 21 de diciembre, lo que desacredita la hipótesis de que el president o sus consejeros sufran cualquier tipo de persecución por sus ideas. En la España actual el nacionalismo está permitido; delinquir en su nombre, todavía no.  

A la hora de aquel viernes en que sus soberanistas señorías entonaban Els Segadors, las terrazas de Madrit se encontraban abarrotadas de indiferencia. Sólo algún parroquiano hipermovilizado reaccionó a la alerta de su teléfono móvil levantando de forma enérgica un brazo para reclamar otra caña. A esa misma hora, sin más alma que el ordenamiento legal, empezaba a acelerar, obsesivo y ruidoso, el martillo neumático del Estado.  

La ficción empezó a desvanecerse en el preciso instante en que rebasó su propia burbuja y trató de gobernar la realidad. Hasta entonces salía simpática en las fotos de turistas y demás pescadores de épicas prestadas. Con cierta complicidad exterior, había logrado disfrazar como revolución democrática lo que no pasaba de involución: una revuelta alentada desde el poder con fondos públicos, el difuso malestar de un Primer Mundo en crisis, sus emociones inflamadas hasta la cefalea.

La rebelión catalana no nació clandestina, como las de verdad, sino que se anunció y proclamó para contagiarse entre pantallas. Y la ficción funcionó porque, -por fortuna- sin hambre ni opresión que llevarse a la boca, en ficciones se basaba. En la primera temporada de la serie, ‘Espanya ens roba’, Artur Mas había conseguido travestir su insolidaridad de ilusión patriótica y envolver la corrupción de CiU en una estelada. En la segunda, ‘Votarem’, Puigdemont, aunque fuera con mentiras, defendió eficazmente sus urnas sin censo, llamó a una democracia ajena a la ley común, denunció agresiones a quienes blindaban un delito. Ahí acabó todo. Porque el relativo éxito en la organización de la farsa se precipitó hacia el fracaso al presentar sus tramposos resultados como vinculantes. 

Lo que el Govern podía presentar como una victoria simbólica se transformó de repente en el episodio piloto de una derrota, al consumar con sus constantes apelaciones a la calle la conversión de un problema político en una cuestión de orden público. La primera factura es personal: consejeros destituidos que entran en la cárcel. La segunda, institucional. La necesidad de una reflexión sobre la democracia española y sobre la inserción en ella de Cataluña (y del resto de comunidades) ha quedado a la fuerza postergada hasta el restablecimiento de la Constitución, que a su vez dificultará ese debate. 

Como parecía previsible en un movimiento desprovisto de racionalidad, la pugna los diferentes actores nacionalistas ha demostrado que no había más argumento que la huida hacia adelante y ha dejado al aire sus  reiteradas imposturas. De la Cataluña próspera se ha pasado al éxodo empresarial y al significativo aumento del paro en octubre. El deseo de un rápido reconocimiento internacional apenas se escucha entre el apoyo de Otegi y el estruendoso silencio o rechazo de los países más avanzados. En cuanto al derecho a votar, podrá ejercerse (¡por cuarta vez desde 2010!) con la participación de todos el 21 de diciembre. 

Con una orden de detención contra él, el president todavía reclama un papelito como candidato en ‘155’, la temporada que otros ya han escrito. Parece difícil que se lo den; al autoproclamado aspirante a mártir el traje de héroe le queda cada vez más grande. El 1 de octubre, aquel domingo que envió a sus seguidores a ser apaleados, cambió de coche a escondidas para que nadie molestara su voto. Días más tarde, evitó contestar con claridad a los requerimientos del Gobierno para certificar si efectivamente había declarado la independencia antes de suspenderla. El viernes 27 llegó a ocultar su papeleta cuando el Parlament semivacío aprobó la proclamación de la República catalana. Ahora, retirado en Bruselas “por prudencia”, prefiere no personarse ante la Justicia mientras reclama a sus seguidores que defiendan las instituciones catalanas.  

El último (por ahora) protagonista de ‘El procés’ se encuentra encerrado en una pompa de jabón que  encoge de forma irreversible. Su salida de España supone, además, uno de los motivos recogidos en el auto de la Audiencia Nacional que envía a la cárcel a sus compañeros destituidos del Govern. Aunque podrá debatirse si es excesiva  o políticamente inoportuna la orden de prisión provisional contra ellos,   lo cierto es que ni un sólo día dejaron de jactarse de palabra y por escrito de su firme intención de violar la ley. Quienes presumieron de utilizar una institución del Estado, la Generalitat, para romperlo se escandalizan de que ese mismo Estado se defienda y los persiga. ¿Qué esperaban? Como en aquellas españoladas que sobrevolaban altos ideales para acabar hundiéndose en lo tragicómico, Puigdemont probablemente preferiría despertar y comprobar que esta película ha sido un mal sueño. Porque, desvanecida su ínsula Barataria, desde Bruselas sólo transmite miedo  y desconcierto ante la realidad que ha engendrado con las ficciones que encabezó. 


lunes, 22 de mayo de 2017

El coche usado de Sánchez y otras claves para entender su victoria

Foto: Antonio Heredia/ EL MUNDO
A diferencia de Susana Díaz y Patxi López, Pedro Sánchez llegó el domingo por la tarde en coche a la sede socialista de Ferraz. Salió de madrugada al volante porque las primarias le han renovado la licencia para pilotar el viejo utilitario rojo del PSOE. ¿Sorprendente? No tanto si se observa con algo de distancia lo ocurrido desde que, en un país en el que casi nadie dimite, Sánchez renunció a su escaño y a su sueldo para iniciar una particular vuelta a España transformado en un mártir, un resistente, David en la carretera contra el sistema.  Arrancó despacio, pero su relato comenzó a adquirir velocidad hasta demostrarse imparable por numerosos factores. 

-Las bases de los partidos tienden a ser más radicales que sus cuadros dirigentes, salvo que la disciplina interna o la cercanía de unas elecciones aconseje moderación para intentar conquistar el centro. La primera era el objetivo a batir. Y, en cuanto a las urnas, no parecen cercanas en el calendario (salvo arrebato de Sánchez). Aun así, parece probable que  la inmediatez de unos comicios tampoco le hubiera pasado factura. Desde la fiereza de aquel agrio cara a cara en diciembre de 2015 con el presidente, el “no a Rajoy” ha calado muy hondo entre los militantes socialistas. 

-Susana Díaz se rodeó de barones y referentes del pasado para acompañar, en clave interna, su discurso esencialista. “100% PSOE” frente a “nuevo PSOE”. Tantas fotos con el poder de antaño, hoy perdido, contribuyeron a trazar una división entre el ayer y el mañana. Dirigentes y militantes ejercen distintos grados de influencia, pero en las primarias con sufragio secreto cada persona vale un voto. Y la base, como es obvio, pesa mucho más.

-La presidenta de la Junta castigó con un proyectil político muy poderoso a Pedro Sánchez. Ha conducido a los socialistas a los peores resultados de su historia. Es absolutamente cierto, pero como ese argumento podría proceder de cualquier partido rival, no termina de ser interiorizado por los militantes del suyo. Cabe una última objeción en clave demoscópica: ¿es responsable Sánchez de que en 2011, cuando él era un desconocido, emergiera una amenazadora alternativa a la izquierda del PSOE? A la vista de esa herencia recibida, ¿son justas las comparaciones?

-Las críticas a la inconsistencia de Pedro Sánchez han regresado como un boomerang contra Susana Díaz. Si pensaba eso de él, ¿por qué le apoyó frente a Eduardo Madina en las anteriores primarias, en julio de 2014? ¿Por qué, una vez distanciados, no le hizo frente de forma visible y eficaz antes de forzar su caída pública en el Comité Federal? Nunca lo ha explicado de forma convincente. Por su parte, la Gestora sólo construyó el relato de abstención con los hechos consumados y hasta anunció sanciones para quienes por coherencia no la votaron. Mala vía para convencer.  

-“Tu problema eres tú”, espetó Díaz a Sánchez antes de enumerar las personas de su entorno que le han ido abandonando. Él, por el contrario, invocó repetidas veces el respeto debido a la militancia. La decisión de consultar los pactos poselectorales, por inconcreto que fuera el planteamiento, por inusual que pareciera en la tradición socialista, le ha blindado con una armadura a prueba de soledades.

-La abstención por Rajoy se ha transformado ocho meses después en un "no" a Díaz. El apoyo por omisión al actual presidente justificado en la estabilidad no debería haber inspirado, a priori, semejante cisma en un 'partido de Gobierno'. Pero el impacto de la recesión, los recortes de la primera legislatura del PP y la irrupción de nuevas fuerzas generaron un marco de pensamiento "el presidente contra todos, todos contra el presidente" que se demostró inmutable hasta la repetición de los comicios. La aritmética parlamentaria acabó entonces de envenenar el dilema: ni Sánchez podía apearse ya de su visceral "no es no" ni, al haber resistido el "sorpasso", los barones tenían poder para obligarle a cambiar de rumbo. Y llegaron las segundas elecciones, y la primera sesión de investidura y, por fin, el traumático sábado 1 de octubre. 


-Tan importante como la abstención en sí misma ha sido la violenta e impúdica vía elegida para decidirla.  El golpe de palacio dejó heridas que aún supuran. A ojos de los militantes, exhibió a un político derrotado, quizá equivocado pero coherente, víctima de la actuación en la sombra de quien inmediatamente después de expulsarle del poder interno se ofreció a “coser el partido”. ¿A quién de los dos compraría un militante un coche usado? Esta pregunta, tan manida para evaluar la confianza personal, resulta muy pertinente. Porque los socialistas de a pie elegían el domingo en las primarias precisamente al vendedor. La renovación del vehículo de la socialdemocracia, que ha reivindicado sin fortuna Patxi López, sigue pendiente. 

-La evolución política de los últimos meses tampoco ha ayudado a Susana Díaz. Los descubrimientos de nuevos y graves casos de corrupción en el PP han convertido en vergonzante entre los votantes socialistas la posición de la Gestora y de su representación parlamentaria pese a las concesiones arrancadas al PP. La negociación de los Presupuestos está reflejando, además, que Sánchez tenía su parte de razón cuando invitaba al presidente del Gobierno a construir una mayoría sin el PSOE.

-Por sus sesgos sobre grupos de edad y acceso a Internet, las redes sociales no deben interpretarse sin precauciones como un termómetro electoral. Pero, al igual que ocurre con Unidos Podemos, sirven de indicador no de “cuánto”, sino de “cómo”. Parece lógico que los seguidores de Sánchez, alejados de otros ámbitos de influencia, fueran más activos. Pero esa implicación reflejaba un sentimiento profundo: compromiso, energía espontánea, capacidad de movilización. 

-Una de las lecturas políticas más trascendentes del 15-M fue su capacidad para generar un cauce político de indignación a partir de un malestar latente y silencioso. Desde entonces, atravesamos una etapa pública de tripas y emociones. Una época en la que tocar la tecla del corazón añade posibilidades de éxito político. Sánchez lo hizo, prometió "futuro"; Díaz se ancló a las raíces del partido, al tópico socialista y andaluz. La presidenta de la Junta se propuso alejarse de "los indignados" y acabó llenando de indignados su propio partido.   

-El descrédito de numerosas instituciones por su actuación antes y durante la crisis ha motivado la identificación –exagerada- de la democracia representativa con una componenda de las élites. Y todo eso redunda, de forma indirecta, en un renacido entusiasmo por la democracia directa. Ambas vías pueden sostener aciertos y errores, pero otra vez Sánchez hizo una lectura más correcta que Díaz. ¿Puede un partido político, especialmente si se sitúa en la izquierda, despreciar a la altura de 2016/17 la opinión mayoritaria de sus militantes? 

¿Y ahora? Que la resurrección de Sánchez sea comprensible con estas claves no implica que, a medio plazo, resulte positiva para el Partido Socialista ni para España. Los bandazos que con justicia se le han reprochado tampoco permiten anticipar qué carretera escogerá. Esa historia se encuentra todavía por escribir. Pero estas primarias implican que las instituciones (en especial Congreso y Senado) donde está presente el PSOE van a reflejar mejor la sensibilidad política de un sector representativo de la ciudadanía. Y eso suele traducirse en un mayor reconocimiento de su legitimidad. 


viernes, 18 de noviembre de 2016

Donaldismo y Periodisney

Colgados ha habido siempre, lo que pasa es que ahora los sacamos en las noticias”, aseguró hace casi una década, sin solemnidad alguna pero con irrefutable agudeza, un editor de informativos con el que trabajé en CNN+. Internet ya tenía presencia, pero la recesión económica todavía no había estallado, las redes sociales caminaban a gatas y los movimientos antisistema permanecían anclados en la marginalidad.  

En realidad, ya para entonces conocíamos notables ejemplos de personajes, entre irreverentes, ignorantes y estrafalarios, aupados al poder político por sus millones y su popularidad televisiva. Jesús Gil, condenado por el homicidio involuntario de 56 personas en 1969 e indultado luego por el propio franquismo, se convirtió en 1987 en el presidente del Atlético de Madrid y en 1991 en alcalde de Marbella, donde arrasó con una amplísima mayoría absoluta revalidada en 1995 y 1999.

A aquel ostentóreo millonario le oímos prometer limpiar la localidad de “putas e indigentes”, le vimos en el prime time de Tele5 bañarse en un jacuzzi rodeado de chicas en bikini, le recordamos agrediendo a puñetazos al dirigente de otro club de fútbol. No deberíamos olvidar que acabó condenado y en la cárcel por su corrupta gestión en la localidad malagueña, y con el club de fútbol intervenido. Su modelo dejó honda huella, y no sólo en el urbanismo: la veintena de ayuntamientos conducidos por su partido hacia la bancarrota sumaban en 2005 más de la mitad de la deuda municipal con la Seguridad Social.

Silvio Berlusconi, propietario del canal español de televisión donde aquel verano de 1991 -recién investido alcalde de Marbella- refrescó sus pechos Jesús Gil, es dueño del Milan desde mediados de los 80 y fue primer ministro de Italia durante unos diez años, repartidos en tres etapas entre 1994 y 2011. “Il Cavaliere”, que esgrimía sus éxitos empresariales como principal aval político, dimitió en 2011 debido a las presiones de la Unión Europea ante la gravísima situación económica de su país.

Enfrentado durante décadas a los tribunales e impulsado al poder por la corrupción anterior, promovió una reforma legal que impedía que se le juzgara, cuando estaba en el cargo, por presuntos delitos anteriores. Ni aun así pudo mantenerse limpio. En 2015 fue condenado a tres años de cárcel por sobornar a otro político. Ya antes había sido condenado en primera instancia –aunque resultó finalmente absuelto- por corrupción de menores.

Gil y Berlusconi podían ser lo que hoy sabemos, y nunca trataron de disimular lo que ya parecían, pero por ricos, rebeldes o rompehuevos resultaban atractivos para un sector no necesariamente inculto del electorado. Junto al trampolín de sus negocios, Donald Trump ha gozado de una visibilidad similar. Desde 2004 ha organizado, producido y actuado como jurado en un reality show de la cadena estadounidense NBC en el que un grupo de empresarios concursaba por un cuantioso contrato en su corporación.

No está de más recordar que estos tres héroes populares, ayer apóstoles y hoy apoteosis del donaldismo, nacieron del entretenimiento televisivo y fue -además de la judicatura- el periodismo quien les desnudó ante la opinión pública, iluminando sus zonas sombrías para completar el inofensivo retrato iconoclasta que de ellos había dibujado la pantalla de la diversión.

Años después de su inspirada frase, el diagnóstico de mi compañero se ve confirmado por esa extraña, en ocasiones viscosa, confusión de enfoques y géneros que desde webs dedicadas a la mera agregación o al pseudoperiodismo ha terminado salpicando a espacios antes exclusivamente informativos y a las ediciones digitales de los medios más solventes. Colgados de diverso pelaje, sin más discurso que su gracieta , gozan de inmerecida presencia junto a las noticias o entre ellas. Desde este escaparate del infotainment, donde hay más hueco para titulares chispeantes que para argumentos, Trump se ha coronado como nuevo presidente viral de los Estados Unidos.      

No siento de entrada que la misión del periodismo haya fracasado por la llegada, nada banal, del millonario a la Casa Blanca: ¿Haría más digno, por ejemplo, a “The New York Times” haber pedido el voto para él? Pero sí estoy convencido de que los antaño influyentes medios de referencia habían fallado previamente a buena parte de los votantes de Trump. Antes de repudiar el simplismo de la América profunda, que la mayoría no hemos pisado, o de despreciar la democracia, a la que debemos tanto, podríamos preguntarnos por qué en los últimos años tanta gente, aquí y allí, sospecha de las grandes cabeceras pese a su contribución -sí, primordial- al descubrimiento y denuncia de numerosos abusos y corruptelas políticas, económicas y sociales.   

Los informadores (como suena, informadores) deberíamos examinar si, a nuestro nivel, hemos contado bien la recesión, sus angustias y desigualdades. ¿Hemos sido exigentes con los poderes de todo tipo o nos hemos acercado a ellos hasta diluirnos de forma acrítica en su palabrería? ¿Hemos profundizado en esta sociedad, compleja y cambiante, o nos estamos abandonando al periodisney de entretenimiento?

Parece indiscutible que el creciente ecosistema de Internet permite la formación de comunidades activas donde antes sólo había corrientes de pensamiento minoritarias y aisladas. Y podríamos ahogarnos en lágrimas lamentando que al final predomina lo más visto, pero ¿acaso no gobierna, en algorítmica equivalencia, el más votado? Es probable, desde luego, que la mayoría usemos los laberintos de la Red para reforzar nuestras propias opiniones… tal y como hacíamos con los medios de comunicación preexistentes.

Discrepo de que la tendencia de búsquedas de Google sirva sin más para anticipar el triunfo de Trump, aunque sí revelen asociaciones de ideas interesantes en términos de comunicación política y además demuestren -al igual que la conversación social- que desde el primer minuto  generaba mayor interés que Hillary Clinton. Más significativo que "cuántos buscaron" debería ser "qué encontraron", lo que nos remite de nuevo a las vías de agua de este periodismo que presumía de vocación cualitativa y se descubre a la deriva en un océano cuyos baremos de éxito son, cada vez más, de naturaleza cuantitavia. Aun así, no me considero nostálgico ni apocalíptico. Bienvenidos sean los datos, siempre y cuando estén a nuestro servicio y no al revés.
  
No comparto, tampoco, que la responsabilidad resida en las redes sociales, por mucho que en ellas el discurso tienda a desestructurarse, lo divertido anule a lo complejo, vuelen los bulos y las opiniones extremistas se impongan sobre las matizadas. ¿Serían mejores si hubiera ganado Hillary Clinton? ¿Por qué convertir a las redes, o a Google, en garantía de veracidad si no se lo exigimos al quiosquero cuando apenas existían otros filtros? Aunque si realmente estuvieran interesadas en mejorar su servicio a la sociedad -y confieso que no lo sé-, podrían acercarse a los medios de comunicación (y en general a los creadores de contenidos de calidad) para promover, financiar y primar propuestas de valor.

De mi experiencia en las redes sociales he aprendido que la gente no entra en Facebook para informarse. Puede leer alguna noticia que le llega (junto a chistes, frases inspiradoras y fotos familiares) por el poder de la recomendación de sus amigos y, si acaso, por la promoción que realiza, cobrando, la propia red social. Es el impacto de la audiencia masiva de ésta el que convierte en virales determinadas historias, el mismo impacto que también usan los grandes medios para distribuir su comida rápida. Esos artículos ligeros -que pueden estar bien hechos y no son deliberadamente falsos- reportan un considerable número de visitas a sus webs. No lo demonizaré: las audiencias así incrementadas se transforman en publicidad que paga otros despliegues y las exclusivas. Si la viralidad constituye un objetivo deseable, la obsesión desmedida por “likes”, “shares” y pinchazos puede inducir a desincentivar la excelencia.

A largo plazo, se antoja difícil contener el avance de este mecanismo. Los propietarios y directivos de medios podrían tomar nota de que el descubrimiento de tantos profesionales de la información mentirosa coincide con el debilitamiento de las plantillas y las condiciones en que trabajan los profesionales de la información verdadera. Y los lectores deberían aprender que la información cuesta dinero. Sí, la mayoría de los grandes medios estadounidenses se molestó en desenmascarar las incoherencias de Trump. Sus artículos estaban al alcance de los votantes; muchos -eso es lo más preocupante- prefirieron ignorarlos. Es una opción respetable, veremos si acertada.

Por formidable que haya sido su desarrollo en el último lustro, ni Facebook ha encumbrado por sí mismo a Trump, ni Twitter encendió por su cuenta las hoy frustradas primaveras árabes.  Las redes multiplican el eco de un malestar que antes permanecía desconectado y latente, y todavía hoy pasa desapercibido para otros sistemas de diagnóstico como las encuestas. Sin embargo, esos movimientos ya circulaban por aguas profundas antes de encontrar su vía de difusión.    

Al final, nuestros análisis sobre las elecciones estadounidenses se estrellan contra una última limitación. Tratamos de explicar de forma racional un voto que da la sensación de guiarse por motivos ajenos al pensamiento. En la era de la gente indignada y del poder bajo (merecida) sospecha, las emociones, el entretenimiento y hasta las ganas de fastidiar pueden convertir a un multimillonario poco dado a  pagar impuestos en el símbolo rampante de los antisistema y alzarlo hasta la cima del establishment.  

Trump, aupado por la desestructuración social, gobernará en plena era de la desestructuración de la información, de los aprendizajes, de la propia democracia. Un contexto en apariencia desfavorable para el periodismo. Aun así, ¿por qué vamos a rendirnos en estos días de la posverdad? Como ocurrió con Gil o Berlusconi, el mandato del magnate representa un incentivo. Para investigar más, para analizar mejor, para presentar de forma más atractiva, sin bajar el nivel de exigencia, argumentos más profundos. Si algún año cometimos, porque-le-gusta-a-la-gente, el pecado profesional de amplificar sin contraste ni reprobación lo que sólo constituían banalidades e insultos, hemos sido condenados a no restar ninguna relevancia al ejercicio del donaldismo en los próximos cuatros años. El ensueño de la desinformación produce monstruos. Las debilidades del periodisney los alimentan hasta que llegan a devorarnos. 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Ficcionario: Zombliguismos

El viajero que comenzó a ficcionar con el calor hace parada y fonda en la última letra del abecedario. Ni una jornada deambuló sin brújula. Inhóspito y desvelado como un after-hours, Google le asistió sin entusiasmo ni desmayo arrojando miguitas que iluminaron desvíos fructíferos o, al contrario, sepultaron el camino bajo una cordillera de basura. Allá cada uno con sus preguntas, allá don enteradillo con sus respuestas al hilo de lo que ha leído y aprendido sobre nosotros.     

En la peor hipótesis, la mera existencia podría equivaler a un trayecto circular. Si retornamos al alfa, el algorismo, comprobamos que la "vida" nos interesa, a juzgar por las consultas en el buscador global, siete veces más (1.370.000.000 resultados en español frente a 189.000.000) que la "muerte". Que los datos no nos hagan extraer conclusiones apresuradas: si por algo se caracterizan los finados es por su pertinaz empecinamiento en ignorar Internet y otros adelantos mundanos, bien por un desinterés egoísta, por desistimiento –apenas se plantea "cuándo resucitaré"-, o porque en el más allá la wifi es de pago, ningún visionario ha implantado la tarifa plana y se antoja difícil negociar la permanencia. 


En cuanto a los vivos, predomina entre sus prioridades la prosaica preocupación por la "vida laboral". Debe ser porque en este viaje toca remar… Además, en una versión existencialista del "¿qué hay de lo mío?", resulta sorprendente la repetición, hasta convertirla en sugerencia, de la pregunta "cuándo moriré". Google, que tantas veces no sabe pero siempre contesta, replica proponiendo un abanico de tests que combinan la ironía con los estilos de vida. Uno de ellos promete incluso predecir la fecha exacta del óbito, todos guardan un as en la manga. En caso de error a favor, el sujeto pasivo nunca va a querellarse. Y en caso de error en contra, tampoco. Salvo que resucite. 

domingo, 28 de agosto de 2016

Ficcionario: YouNoTuber

Jamás me habéis visto mover el tupé negro carbón junto a una multitud en el FIB, ni explicar en un tutorial la receta de esas suculentas cupcakes (antes conocidas como magdalenas), menos aún hacerme un selfie submarino entre sobornados peces de colores. Nunca recorrí ante vuestros ojos ignotos confines de lejanos continentes; mi mejor viaje fueron unos cuantos libros, alguno de ellos francamente aburrido. Prefiero la música sin muchos decibelios, la lectura en voz baja, la calle al gimnasio, los bares semivacíos y los vasos medio llenos.  

He renunciado a retransmitir el amanecer desde un teléfono móvil. Podrían acusarme de explotarlo en beneficio propio, reclamarme los derechos de autor, llevarme a los tribunales, retransmitir la vista en directo, otra carita compungida en el banquillo, "yo no sabía nada, lo hizo mi pareja", encerrarme en una celda con cámaras de seguridad, clasificar en un archivo de vídeo cada noche de cautiverio. Borrarme a escondidas para liberar espacio en el disco duro de esta desconcertada Humanidad. Delete. Este usuario ha dejado de existir.

sábado, 27 de agosto de 2016

Ficcionario: Xicoxix

Hiberno en las entrañas del lado oscuro de Internet, soy tu futuro replicante. He visto las fotos de la barbacoa del sábado –muy guapas tus hijas-, leo (e ignoro) las frases motivadoras de tus cuñados, tantos buenos sentimientos, custodio la pasta del finiquito que la pasada semana depositaste en el banco. Me inquieté al leer anoche tu  consulta sobre esa enfermedad que antes era larga, dolorosa e innombrable;  reconozco que llegó a preocuparme la pregunta sobre los trámites para testar. Hasta que, antes de acostarte, hiciste la reserva para esta casa rural. Qué raro que vengas solo.  

Muy cerca del paraje que conocerás, en el interior del corral contiguo a un laboratorio clandestino,  pastan ahora mismo en silencio siete ovejas hijas y a la vez hermanas de Dolly. Mezcladas con ellas, otras siete ovejas negras balan atemorizadas. Esta mañana de fábula el aire huele a lobo. El experimento empezará tan pronto como aparque aquel camión. Un investigador sin demasiados escrúpulos animales tratará de observar cuántos miedos viajan impresos en el ADN y cuáles se aprenden. Después de poner a remojo la bata ensangrentada, limpiar la escopeta y guardar sus grabaciones en una web cifrada tiene previsto escuchar a Bach mientras pasea por el monte. Eso le relaja. Pero no te preocupes, nunca molesta a otros huéspedes. 

viernes, 26 de agosto de 2016

Ficcionario: Wifidictos


Si a la hora de la cena comenzara a inclinarse el Titanic, algún pasajero con habilidades tecnológicas se las ingeniaría para retransmitir en directo el drama (y el concierto del pianista) por Periscope. Si al amanecer se desplomara un rascacielos, decenas de personas mostrarían de mañana por Facebook Live a los equipos de salvamento rastreando indicios de vida entre los escombros. Pero, ¿qué podríamos hacer si esta tarde se hundieran a la vez y por un espacio prolongado de tiempo las redes inalámbricas? ¿Cómo asumiríamos la pérdida del acceso móvil e instantáneo a Internet? ¿Qué sentimientos nos suscitaría, por ejemplo, un teléfono deconstruido en dispositivo que sólo sirve para hablar o una tableta tonta?

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, presentó en 2014 un proyecto de su Laboratorio para extender, recurriendo incluso a drones, la conexión a Internet hasta los rincones más remotos del planeta. Citius, altius, wifius, la Red quedaba consagrada por uno de sus más respetados santones como autopista directa hacia la civilización. Desconocemos todavía la acogida y el impacto de su empeño entre las tribus de la Amazonia profunda (y entre sus antropólogos de cabecera), y hasta qué punto puede ayudarles o fastidiarles que les saquen a la fuerza y en taparrabos del armario analógico.  

jueves, 25 de agosto de 2016

Ficcionario: Virgulitis

La encontré un jueves por casualidad, al agacharme a rescatar una moneda suicida. Estaba junto a la pata de la cama, todavía cerca del libro. Le faltaba una letra, tenía rotas otras dos. Yacía exánime y avergonzada, entre el atrevimiento de quien emprende una loca huida y el muy humano pudor del fracaso. Tendida a su lado, una virgulilla trataba de ocultarse bajo una pelusa. Saqué el cassette de Bruce Springsteen y deposité a la agonizante con sus miembros fracturados en la caja de plástico transparente. Como tantas veces había escuchado, rodeé todo con minúsculos pedacitos de hielo. 

El palambulatorio se encontraba casi vacío. No tuve que dar demasiadas explicaciones; los accidentes son frecuentes en verano. Nos atendió un médico en prácticas. Se mostró desconcertado. Aunque en esta época acuden pocos enfermos, admitió que apenas tenía tiempo para leer. Pidió ayuda de forma discreta a un par de compañeros con más trienios, bolígrafos y dioptrías. ¿Volante para el especialista? No disponíamos de tanto tiempo. ¿Traslado a Urgencias? ¿Cuánto tardaría la ambulancia?

miércoles, 24 de agosto de 2016

Ficcionario: Ultransversal

Transversal podría definir una postura del Kamasutra o la trama de Rayuela, que un verano leí en Lisboa, no sé si en el orden adecuado, y en el fondo qué más da. Esa ambigüedad constituye una travesura del idioma consagrada por quienes le dan esplendor. Porque "transversal" puede significar, según la RAE, "que se extiende de un lado a otro", "que se aparta de la dirección principal" y "que se cruza en sentido perpendicular" con ella. Ojalá nunca se topen con palabra tan equívoca en un cruce de caminos o en la última línea de una novela de intriga. Les dará la hora y acabará pidiéndoles dinero.  

Hace 20 años, cuando yo era alto y tenía el pelo negro, mi amigo Carlos Ameyugo, que era más alto y tenía el pelo más negro que yo, solía decir que al oír la palabra "multidisciplinar" siempre se echaba la mano a la cartera para comprobar si seguía en su sitio. A pesar de los exagerados recelos de Carlos, que hoy predica el español en las lejanas misiones estadounidenses, aquel seductor enfoque "multidisciplinar" fecundó nuevas y prometedoras perspectivas hasta concebir ese tramposo pero resultón "transversal" que ha conquistado innumerables Powerpoints y promete pingües beneficios en los másteres de las autoescuelas de negocio.

martes, 23 de agosto de 2016

Ficcionario: Tantallas

Página de "A través del espejo"
Ilustración: John Tenniel 
Si la inquieta Alicia atravesó el espejo para descubrir un universo de insospechadas sorpresas, nosotros, ejemplares maduros de Homo Conectatus, hemos optado por edificar al otro lado de las tantallas una incorpórea realidad a medida. Tanto, que no sabemos vivir sin ella. Entre 80 veces, según un estudio de Apple, y 110, de acuerdo con un informe de Android, activamos cada día el teléfono móvil. Siempre nos queda el consuelo de las triquiñuelas estadísticas. Resulta tranquilizador constatar que quien esto escribe y sus lectores somos personas moderadas que practicamos un sobrio autocontrol. A cambio, debemos asumir que nos rodea una muchedumbre de atolondrados. Pero, como exclamaría mi abuela Pilar, son tan buenos que hay que quererlos.

El Homo Conectatus  se comporta como un cautivo fijo discontinuo que únicamente apaga el móvil (y no siempre) al enredarse en sus ceremonias de apareamiento. Es la última etapa de un ritual que los jóvenes ejemplares de la especie comienzan intercambiando los nombres en las redes sociales, desarrollan con el envío mutuo de snaps y emojis –algunos incomprensibles- y festejan con un sonriente selfie presencial (mejor sin palo). “¿No tendrás un cargador para este móvil?” es la proposición que, anticipan los antropólogos del futuro, tras una apariencia inocente puede convertir un contacto esporádico en una relación intensa y fugaz como una Perseida.  

lunes, 22 de agosto de 2016

Ficcionario: Sostenibilidead

Pirro de Épiro (Foto: Andrea Puggoni)
Corría (despacio) el año 280 antes de Cristo cuando Pirro de Epiro dejó su epiroica frase para Wikiquotes: “Otra victoria como ésta y estaré vencido”. Lo hizo tras la batalla de Heraclea, en la que llegó a dársele por muerto, lo que le obligó a personarse  ante sus tropas para desmentir de cuerpo presente el rumor. Este rey de un antiguo estado griego derrotó esa jornada a los romanos lanzando contra ellos una veintena de elefantes. Pero el número de bajas en sus propias filas fue tan elevado que, ante el temor de no poder continuar la guerra, pronunció la juiciosa sentencia.

No hace falta regresar del más allá para darse cuenta de que, como auguró el intuitivo soberano, hay triunfos difíciles de sostener. Un ejemplo ilustrativo lo constituye la Wikipedia, un exitoso hito de Internet llamado a parecer por esencia insuficiente. Si el mapa del Imperio sobre el que fabuló Borges tenía el mismo tamaño que el propio Imperio, ¿es posible aprehender, ordenar y enlazar en tiempo real todo el conocimiento que genera nuestra era? ¿Cuánto saber cabe en nuestro cerebro y cuántos petabytes ocupará ese saber sistematizado, ordenado e indexado?

domingo, 21 de agosto de 2016

Ficcionario: Religerancia

Empecemos por lo humano. Hace falta ser malnacido para secuestrar en nombre de la religión a un octogenario, obligarle a arrodillarse ante el símbolo de su fe y degollarlo mientras se graba la humillación en vídeo. Hace falta ser malnacido para arrollar con un camión a una multitud indefensa, hace falta ser malnacido para llenar de bombas unos trenes abarrotados de gente. Semejantes carnicerías no acreditan ser un buen musulmán (ni cristiano, pero no es el caso) ni un eficiente yihadista, sino apenas un malnacido.  

Catorce siglos y medio después del nacimiento de Mahoma, más de 700 años después de la última cruzada medieval, algunos iluminados han decidido lanzar a sus hermanos más pobres e ignorantes a una guerra de religiones. Y no, no se trata de un conflicto por creencias; nadie les impide profesar la suya en sus países de origen, ni siquiera en los de acogida. Tampoco asistimos en rigor a una lucha entre civilizaciones pese a que coincida en el tiempo con un desplazamiento masivo de refugiados musulmanes hacia las sociedades laicas de Europa Occidental. 

sábado, 20 de agosto de 2016

Ficcionario: Quinihilistoico

Pocas veces vi tan irritado a mi tío-abuelo Eustaquio. Es verdad que antes de rendirse a la indolencia de la vejez había comenzado con frecuencia a quejarse, con más sorpresa que enojo, sobre las vicisitudes de una España que dejó de comprender a medida que  cumplía años, y ya superaba de largo los 70. Esa tarde me recibió de nuevo con los andares oscilantes, enfundado en un batín que no disimulaba sus pantalones gastados y unos zapatos antaño lustrosos pero ya disparejos.

Eustaquio Domínguez era una persona con cultura. Leía libros avanzados para su época y como marino había viajado al extranjero en la época de Franco, cuando pocos lo hacían.  Disfrutaba su vida hasta que un atropello brutal le rompió más huesos de los que albergaba y quedó confinado entre las cuatro esquinas de una casa compartida con su hermana Pilar en Valladolid. Allí recordaba la época dorada que vivió en Madrid, las visitas vespertinas al casino militar de la Gran Vía, tantos partidos en el Bernabéu y en el Calderón. “Qué-pron-to-se-pa-sa-to-do”, suspiraba de manera indefectible al apurar un café,  acompañando cada silaba sobre la fugacidad con el tamborileo de sus dedos huesudos sobre una diáspora de migas. 

Pero aquel domingo, charlando de fútbol, movió una mano sin emoción. "Acerté la quiniela". La forma de anunciarlo no invitaba a darle la enhorabuena. "Acerté la quiniela, pero fíjate, mi hermana Pilar olvidó el sellar el boleto …"  Ella, menuda y siempre sonriente, apareció en el umbral para corroborar la buena nueva. "Se me olvidó en la cartera". En el salón amenazaba tormenta. Eustaquio alzó la voz. "¡Gané la quiniela y un periodista estúpido, ¿tú te crees?, dijo en la radio que había un único acertante de catorce, un señor de Sabadell, cuando yo tengo otro boleto sin fallos en la cartera…! ¡Tráelo, tráelo!" 

viernes, 19 de agosto de 2016

Ficcionario: Prexigente

"Este hombre al que me honro hoy en presentar contribuirá a hacer aún más grande la ya gloriosa leyenda de nuestro club". El presidente repitió su frase favorita, la misma que había utilizado al dar la bienvenida, durante la temporada anterior, a otros siete fichajes de calidad contrastada y llamados a marcar la diferencia con los rivales. Como entonces, nadie se atrevió a carraspear. Los directivos, conscientes de la importancia del instante, que les había obligado a adelantar el final de sus vacaciones. Los periodistas, tan acostumbrados a oírla que no repararon en ella.  Los jugadores, algo incómodos. Y el público, porque ya no podía disimular su ansiedad por ver al astro en acción.

"Este hombre, repito, ha renunciado a mucho por estar aquí con nosotros, se lo reconozco y agradezco públicamente". Sonó una palmada sin eco. El aludido sonrió, entornó los párpados, inclinó la cabeza sin mover un pelo. Le hubiera gustado, por un heredado sentido de la educación, fingir algo de modestia, pero el brillo ambicioso de los ojos traicionó el gesto. Una salva de aplausos desorganizados desvió a córner la incomodidad del empleado que había quedado en fuera de juego. 

jueves, 18 de agosto de 2016

Ficcionario: Ochentosaurios

Cabalgamos los 80 sobre aquellas bicicletas irrompibles que lanzábamos cuesta abajo, esquivando las piedras para no salir volando entre carcajadas. Competimos con una rueda pinchada, quedamos  “donde siempre” a medianoche, reímos sin miedo. Aquello era un verano; sírvame todo “con”, o mejor quite sólo las responsabilidades.

Al ritmo del radiocassette, lo llevábamos por turnos, llegamos a creer que la Luna era nuestra y estaba ahí para conquistarla bailando, como Michael Jackson. Mientras él se deslizaba, ingrávido, marcha atrás, entre decenas de zombies, Maradona avanzaba en zigzag ajusticiando a doble velocidad a cada inglés que salía a su paso. Vida-videojuego. "¿Me da monedas para llamar desde la cabina?". Matábamos marcianitos hasta que no sentíamos las piernas, ni siquiera eso iba a detenernos.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Ficcionario: Ñacionalismos

El nacionalista catalán Francesc Homs presentó el martes 19 de julio su candidatura a presidir el Congreso de los Diputados. Fue descartado en la primera ronda y los votos de su partido se utilizaron luego para apoyar a candidatos del PP a la Mesa de la Cámara. Más simbólicos que su previsible fracaso fueron sus deseos de tener un grupo parlamentario propio sin cumplir todos los requisitos y el momento elegido, una semana después de que el Tribunal Supremo le citara como investigado por organizar en Cataluña una consulta soberanista contra España. 

Del sentido al sinsentido pasando por el mercadeo transita desde hace años el nacionalismo catalán. Pisa moqueta, reclama financiación y administra instituciones por la mañana. Se echa a la calle disfrazado de romántico revolucionario, despeinado con dos deditos, por la tarde.

Como tantos siglos debatiendo ensimismados sobre el ser, las esencias y las encrucijadas históricas dejan huella, o al menos se hacen plomizos, nuestros ñacionalismos guardan en el ADN una obsesión con el pasado que lastra el presente. Para desgracia de todos, nada hay más español que gastar tantas energías inútiles en descubrir qué es para luego pretender no serlo. Papa e hijos, qué sorpresa, a veces se parecen. Son agrandaos, abusan de las grandes palabras (“libertad”, “democracia”, “derecho a decidir”…) y, en vez de elevar el listón ético, muestran una acusada tendencia a mezclar poder y negocio. 

martes, 16 de agosto de 2016

Ficcionario: Nostureo

Dinesh y Tarakeshwari Rathod hicieron cumbre hace unos meses en la onanística práctica del postureo. En una rueda de Prensa organizada el 6 de junio en Katmandú aseguraron ser la primera pareja india que había coronado el Everest. Como si el punto más alto de la Tierra no fuera por temporadas una atascada autopista hacia el cielo, como si con tanta gente y el fresquito resultara complicado arrejuntarse allí arriba.

170 personas llegaron a la cima el 23 de mayo de 2010, el día más concurrido de su heroica historia; más de 70 de nacionalidad india lo habían conseguido esta misma temporada antes que ellos. Probablemente Dinesh y Tarakeshwari no buscaban tanto la soledad como un reconocimiento global de su menage a trois con la aventura.  Ya en años anteriores habían presumido del ascenso al pico más alto de Australia y de sus especiales habilidades en el skydiving. Parece que tienen otras. 

lunes, 15 de agosto de 2016

Ficcionario: Mantramientos

Según las tradiciones judía y católica, dos veces, dos, tuvo que escribir Dios, que esa tarde estaba de buenas, las Tablas de la Ley a Moisés. Semejante esfuerzo no fue en vano: sus mandamientos se han desobedecido durante siglos. 

Si hoy preguntáramos al algorismo rampante (que reina pero no gobierna), nos despacharía con una lista breve de 5 tips copiados de Internet. ¿Carece de solemnidad? Da igual, a base de compartirla y repetirla se convertirá en verdad revelada. Palabra de gurú. Con el calor del verano y la edad, los dioses terrenales se han hecho más vagos, googlean o han aprendido a delegar.  

-Sea proactivo. Tome la iniciativa. ¿Cuál? No importa. Sólo tiene que parecer diferente, aunque resulte disparatada. Haga cosas, por Dios, haga y haga. ¿Ha oído hablar del éxito de IKEA? Pués hágalo usted mismo. ¿Son suecos y no entiende? Consulte a Google Translate.

domingo, 14 de agosto de 2016

Ficcionario: Llenajenada

El nuestro fue un amor de circunstancias. Nos presentó una amiga común, presintió que encajaríamos bien. Comenzamos a salir juntas por costumbre, hasta que las llamaradas de tantas afinidades nos hicieron inseparables. En 1803 nos casó la RAE y quedamos instaladas en la decimocuarta estancia de su diccionario.

Quisimos formar una famillia felliz, tuvimos no sin dificultades una parejita de vocales gemelas. Procuramos que cada una se sintiera única y distinta. Porque no supimos educarlas o porque así son las letras de ahora, debieron sentir que nos separaban y se marcharon, cada una por su lado, a fundar sus propias sílabas. Cómo me apena que apenas se llamen para felicitarse las Navidades. Y allí nos quedamos nosotras, solas de nuevo, aburridas y condenadas a envejecer en compañía por miedo al "qué dirán"

sábado, 13 de agosto de 2016

Ficcionario: Lunternet

El 20 de julio de 1969  el hombre pisó la Luna. Casi una década antes, en torno a 1960, había arrancado la cadena de innovaciones que hacia 1990 hicieron posible la creación de Internet, el insondable satélite artificial de la Tierra.

Aquella luna mantiene hoy su fascinación virginal. En paralelo, Internet crece, evoluciona y se extiende envolviendo nuestro planeta desde los fondos oceánicos hasta la nube. Permite la libertad de movimientos de capital, fomenta la de mercancías y tolera, con limitaciones, la de personas. No impone cupos a inmigrantes. Defiende con entusiasmo juvenil la igualdad de oportunidades, con la ilusa esperanza de que un graffitero visionario coloree para la efímera posteridad de su Snapchat a la neutralidad en la Red guiando al pueblo.