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domingo, 21 de agosto de 2016

Ficcionario: Religerancia

Empecemos por lo humano. Hace falta ser malnacido para secuestrar en nombre de la religión a un octogenario, obligarle a arrodillarse ante el símbolo de su fe y degollarlo mientras se graba la humillación en vídeo. Hace falta ser malnacido para arrollar con un camión a una multitud indefensa, hace falta ser malnacido para llenar de bombas unos trenes abarrotados de gente. Semejantes carnicerías no acreditan ser un buen musulmán (ni cristiano, pero no es el caso) ni un eficiente yihadista, sino apenas un malnacido.  

Catorce siglos y medio después del nacimiento de Mahoma, más de 700 años después de la última cruzada medieval, algunos iluminados han decidido lanzar a sus hermanos más pobres e ignorantes a una guerra de religiones. Y no, no se trata de un conflicto por creencias; nadie les impide profesar la suya en sus países de origen, ni siquiera en los de acogida. Tampoco asistimos en rigor a una lucha entre civilizaciones pese a que coincida en el tiempo con un desplazamiento masivo de refugiados musulmanes hacia las sociedades laicas de Europa Occidental. 

jueves, 5 de abril de 2012

Tradiciones y contradicciones

Una tarde de noviembre de 2009, un párroco octogenario bautizó entre el rosario y la misa vespertina a nuestra hija pequeña en Avilés, Asturias. Apenas cinco días más tarde, el mismo sacerdote se convirtió en la comidilla familiar tras aparecer en Noticias Cuatro y CNN+, el canal donde entonces trabajaba, como protagonista de una información sobre los religiosos que anualmente ofician misas por Franco. Ni lo sabía, ni siquiera  me di cuenta cuando se emitió. Y también francamente, ni me importa. El incombustible don Ángel bendijo a la niña con dedicación, eficacia y bastante más premura que doctrina.

Esta semana he acompañado a mis hijos, siempre curiosos, a algunas procesiones. Aunque mis convicciones personales basculan con frecuencia entre las esperanzas abandonadas, el descreimiento en la Iglesia y el agnosticismo, aunque me descubro menos católico que espiritual, defiendo el respeto hacia las manifestaciones de la fe ajena. La búsqueda de un sentido, propio o regalado, a la existencia, la preocupación por el más allá, real o tan solo deseado, me parecen sentimientos absolutamente humanos.