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domingo, 21 de agosto de 2016

Ficcionario: Religerancia

Empecemos por lo humano. Hace falta ser malnacido para secuestrar en nombre de la religión a un octogenario, obligarle a arrodillarse ante el símbolo de su fe y degollarlo mientras se graba la humillación en vídeo. Hace falta ser malnacido para arrollar con un camión a una multitud indefensa, hace falta ser malnacido para llenar de bombas unos trenes abarrotados de gente. Semejantes carnicerías no acreditan ser un buen musulmán (ni cristiano, pero no es el caso) ni un eficiente yihadista, sino apenas un malnacido.  

Catorce siglos y medio después del nacimiento de Mahoma, más de 700 años después de la última cruzada medieval, algunos iluminados han decidido lanzar a sus hermanos más pobres e ignorantes a una guerra de religiones. Y no, no se trata de un conflicto por creencias; nadie les impide profesar la suya en sus países de origen, ni siquiera en los de acogida. Tampoco asistimos en rigor a una lucha entre civilizaciones pese a que coincida en el tiempo con un desplazamiento masivo de refugiados musulmanes hacia las sociedades laicas de Europa Occidental. 

jueves, 19 de mayo de 2011

¿Prohibimos los problemas?


Al anochecer, la Puerta del Sol está cubierta de nubes. El suelo, ocupado por miles de personas que reclaman –hay que fastidiarse- un Estado más justo, una democracia con mayor participación ciudadana. Bajo tierra, en el Metro, los luminosos recuerdan que la concentración no ha sido autorizada. La Junta Electoral de Madrid teme que pueda influir en las votaciones del 22-M. Así de ingrato, de inoportuno, es el descontento: puede influir en el voto. Estamos en campaña. ¿Prohibimos los problemas? 

Miles de jóvenes, grupos de extranjeros, curiosos con cámaras fotográficas. “Hay más gente que ayer”. Personas. Sin trabajo, sin expectativas y, pese a la presencia de los antidisturbios, sin ganas de regresar a casa. Cierto, sin mucho en común. Kilómetro cero de la protesta. Lemas disonantes para un desencanto general. Por el castigo a los especuladores, contra el maltrato animal, denunciemos la corrupción. El resumen: más y mejor democracia. Un quiosco sigue abierto. “¿Vende usted más?” “No, qué va”. Pero vende mejor. Pilas a cuatro euros.