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lunes, 23 de mayo de 2011

El retorno de la gaviota rampante

Nada hay más lógico que el fracaso electoral de un partido cuyo gobierno ha fallado en el manejo de la crisis económica. Nada hay tan significativo como la magnitud -diez puntos- de su debacle. Nada tan preocupante como el descubrimiento de que, felices militantes al margen, los indiscutibles vencedores no despiertan, creo interpretar, demasiado entusiasmo entre ciudadanos que les han votado.  

En 1995, cuando otra rotunda victoria en las elecciones municipales inició el camino de Aznar hacia la Moncloa, yo todavía no era periodista. Este lunes, cuando Rajoy empieza a pisar la alfombra que conduce al poder, me encuentro, por decirlo finamente, en retiro activo. El déjà vu de la gaviota azul. Por desgracia, todos somos 16 años mayores.

sábado, 21 de mayo de 2011

El Sol que nos alumbra



Pies y más pies, miles de pies que para echar a andar han decidido este sábado quedarse quietos. Pies jubilados, pies sin papeles, pies infantiles. “Papá, ¿qué es la clase obrera?” “Los trabajadores, hija”. Y mientras todos estos pies reflexionaban en compañía, otras cabezas pensantes exigían su desalojo por la fuerza.  Reducir la acampada de la Puerta del Sol –en otras no he estado-  a un problema de orden público, que puede serlo, es pensar sobre todo con los pies. Práctico, pero insuficiente. 

Tropiezo también en el centro de Madrid con manos y más manos que chocan, se estrechan, se entrelazan. Manos, parecidas y distintas, que a veces aplauden o se levantan para festejar las propuestas que enumera un megáfono. Algunas, útiles; inasumibles, otras. De la protesta a la propuesta. No es mal camino, aunque no me apetezca demonizar a los políticos ni acabar con los partidos, ni derribar el sistema. Si las elecciones son la fiesta de la democracia, la celebración en Sol se ha adelantado al sábado.   

jueves, 19 de mayo de 2011

¿Prohibimos los problemas?


Al anochecer, la Puerta del Sol está cubierta de nubes. El suelo, ocupado por miles de personas que reclaman –hay que fastidiarse- un Estado más justo, una democracia con mayor participación ciudadana. Bajo tierra, en el Metro, los luminosos recuerdan que la concentración no ha sido autorizada. La Junta Electoral de Madrid teme que pueda influir en las votaciones del 22-M. Así de ingrato, de inoportuno, es el descontento: puede influir en el voto. Estamos en campaña. ¿Prohibimos los problemas? 

Miles de jóvenes, grupos de extranjeros, curiosos con cámaras fotográficas. “Hay más gente que ayer”. Personas. Sin trabajo, sin expectativas y, pese a la presencia de los antidisturbios, sin ganas de regresar a casa. Cierto, sin mucho en común. Kilómetro cero de la protesta. Lemas disonantes para un desencanto general. Por el castigo a los especuladores, contra el maltrato animal, denunciemos la corrupción. El resumen: más y mejor democracia. Un quiosco sigue abierto. “¿Vende usted más?” “No, qué va”. Pero vende mejor. Pilas a cuatro euros. 

lunes, 16 de mayo de 2011

Cuando tu voto cuenta

En Illán de Vacas, Toledo, no hay batalla política. Frente al ardor con que se desarrolla la crucial campaña castellano-manchega, en esta localidad no hay mítines, carteles ni megáfonos,  y no es fácil preguntar por el desencanto a los votantes porque, en realidad, es casi imposible encontrarlos. Apenas llegan a cinco, según el censo de 2009, si es que ninguno se ha dado de baja desde entonces. Por no haber, no hay rival para el alcalde y único concejal, Julián Renilla, que primero con AP-PDP-UL, y después con el PP, tampoco se cansa. Ha vencido en todos los comicios desde 1979.  Hace cuatro años, se impuso por un rotundo 3 a 0, gracias a su papeleta y a la de sus compañeros –también  parientes- de la mesa electoral.  

A una hora de Madrid, a sólo 7 kilómetros de la A-5, Illán de Vacas no se halla precisamente en el fin del mundo. Y aunque hace décadas que el tren dejó de pasar por allí, el municipio, uno de los más pequeños de España, cuenta con  una escueta página en la Wikipedia. El buzón de Correos, amarillo rabioso, promete “recogida diaria”, aunque semejante desierto humano sugiere más bien que el cartero no tiene quien le escriba.