Nada hay más lógico que el fracaso electoral de un partido cuyo gobierno ha fallado en el manejo de la crisis económica. Nada hay tan significativo como la magnitud -diez puntos- de su debacle. Nada tan preocupante como el descubrimiento de que, felices militantes al margen, los indiscutibles vencedores no despiertan, creo interpretar, demasiado entusiasmo entre ciudadanos que les han votado.
En 1995, cuando otra rotunda victoria en las elecciones municipales inició el camino de Aznar hacia la Moncloa , yo todavía no era periodista. Este lunes, cuando Rajoy empieza a pisar la alfombra que conduce al poder, me encuentro, por decirlo finamente, en retiro activo. El déjà vu de la gaviota azul. Por desgracia, todos somos 16 años mayores.




