El 20 de
julio de 1969 el hombre pisó la Luna.
Casi una década antes, en torno a 1960, había arrancado la cadena de
innovaciones que hacia 1990 hicieron posible la creación de Internet, el
insondable satélite artificial de la Tierra.
Aquella luna mantiene hoy su fascinación virginal. En paralelo, Internet crece, evoluciona y se extiende envolviendo nuestro
planeta desde los fondos oceánicos hasta la
nube. Permite la libertad de movimientos de capital, fomenta la de
mercancías y tolera, con limitaciones, la de personas. No impone cupos a
inmigrantes. Defiende con entusiasmo juvenil la igualdad de oportunidades, con
la ilusa esperanza de que un graffitero visionario coloree para la efímera
posteridad de su Snapchat a la neutralidad en la Red guiando al pueblo.