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miércoles, 24 de agosto de 2016

Ficcionario: Ultransversal

Transversal podría definir una postura del Kamasutra o la trama de Rayuela, que un verano leí en Lisboa, no sé si en el orden adecuado, y en el fondo qué más da. Esa ambigüedad constituye una travesura del idioma consagrada por quienes le dan esplendor. Porque "transversal" puede significar, según la RAE, "que se extiende de un lado a otro", "que se aparta de la dirección principal" y "que se cruza en sentido perpendicular" con ella. Ojalá nunca se topen con palabra tan equívoca en un cruce de caminos o en la última línea de una novela de intriga. Les dará la hora y acabará pidiéndoles dinero.  

Hace 20 años, cuando yo era alto y tenía el pelo negro, mi amigo Carlos Ameyugo, que era más alto y tenía el pelo más negro que yo, solía decir que al oír la palabra "multidisciplinar" siempre se echaba la mano a la cartera para comprobar si seguía en su sitio. A pesar de los exagerados recelos de Carlos, que hoy predica el español en las lejanas misiones estadounidenses, aquel seductor enfoque "multidisciplinar" fecundó nuevas y prometedoras perspectivas hasta concebir ese tramposo pero resultón "transversal" que ha conquistado innumerables Powerpoints y promete pingües beneficios en los másteres de las autoescuelas de negocio.

jueves, 4 de agosto de 2016

Ficcionario: Deprendedor

Cada vez que el director de Recursos Inhumanos repasa pellizcándose la perilla el orden del día del próximo Consejo de Administración, un empleado con más trienios que canas empieza, aun sin presentirlo, a hacer cola frente a la ventanilla de los escogidos para emprender. Como "echar" suena destemplado y carente de cariño, el conceto "despido" acumula en castellano más eufemismos que el miembro viril. Hay quien lo llama  "extinción del contrato laboral" (¡a mí los bomberos!); los aficionados a dietas, gimnasios y cirugías aluden a la "reducción de la masa salarial"; y no falta quien, optimizando el ficcionario,  apela a la "disminución de costes productivos". Así se multiplica, imparable y conmovedora, la creatividad en la industria del adiós.  

Define la RAE como emprendedor a quien "emprende con resolución acciones o empresas innovadoras", cuando en rigor no existe empeño más raído que subsistir. El informe anual de la Fundación Foessa descubrió en junio que la última forma de pluriempleo que experimenta el 14’8% de los trabajadores españoles consiste en currar a tiempo parcial y vivir a tiempo completo en el umbral de la pobreza. Un rato ocupados y el resto de la jornada, muy preocupados. Son las servidumbres del primer mundo; hay otros peores, pero están más lejos.

lunes, 1 de agosto de 2016

Ficcionario: Baratwo

Anglicismo usado para designar copas baratas en la modalidad "dos al precio de una", pariente lejano del antiguo y denostado garrafón. Este tipo de oferta, tan extendido en los últimos años, rebaja con pedruscos de hielo premisas que no resistirían un análisis racional:

-o hemos acumulado un stock superior al que podemos vender al precio inicial (lo que implica que algún día de infundada euforia nos engañamos a nosotros mismos)
-o manejamos un margen suficiente (y por tanto en el pasado tratamos de saciar con el precio y no con la calidad la satisfacción de nuestros respetables clientes)
-o nuestro producto tuvo un coste irrisorio o inexistente (mejor no pregunten)
-o se encuentra a punto de perder valor (mejor no contesten y acaben el yogur; como dijo el tango, veinte días de caducidad “no es nada”)

El máximo éxito del baratwo es hacer que nos olvidemos de la crisis (¿qué crisis?) y hallemos la coartada personal perfecta para vaciar los bolsillos y exprimir la tarjeta hasta que cruja la banda magnética. Era la máxima del maestro Cipri. Antiguo emigrante a Alemania y lector de amarillentas novelas del Oeste, regentaba una diminuta panadería cercana a un colegio de Valladolid. Aparte de un carácter algo refunfuñón, tenía la suprema habilidad de encontrar en los recipientes de encurtidos a granel la cebolleta que se ajustaba, qué casualidad, a la calderilla que aún no habíamos gastado. “Mira, una de dos pesetas”. Y la pescaba. Y pagábamos encantados. Sin violencia. Eso es categoría. 

viernes, 23 de mayo de 2014

Esta vieja, lejana y anodina Europa

El control de calidad de la democracia, el trabajo y los derechos, la imagen más culta de la modernidad. La Unión Europea, el ‘Mercado Común’ entonces, fue durante décadas el sueño prohibido de la España aislada y dictatorial. Habitábamos un país cejijunto, reducido al tópico turístico de las playas y la diversión, en una esquinita acomplejada que sólo asomaba la cabeza al continente con las cinco Copas del Real Madrid y cuyos sudorosos embajadores eran los emigrantes.
 
Medio siglo después, el sueño de la unidad europea ha encallado en su propia indefinición. Nació contra la guerra y para impulsar la recuperación, se transformó en un club de ricos, creció por un impulso geopolítico hacia el Este para enterrar la Guerra Fría, se atascó en una Constitución pactada y lejana. Ahora el proyecto comunitario se enfrenta enfermo a unas nuevas elecciones. Si los votantes damos por sentados –veremos si con razón- los principios del pacifismo y de la democracia, si el crecimiento retrocede y se resiente la justicia social, si los líderes descartan avanzar hacia la unidad o al menos una colaboración más intensa, ¿puede ilusionarlos sólo la gestión? Muchas gracias por los servicios prestados a los padres fundadores, misión cumplida. Fin de trayecto.

domingo, 15 de abril de 2012

El cazador furtivo

En mayo de 2010 Zapatero se pegó un tiro en un pie. No fue por accidente, se sintió obligado. Cerró los ojos, apretó el gatillo y marchó conmocionado al Congreso a anunciar los recortes que iban a salvar a la economía española del rescate. Al año siguiente, el presidente cojo dejó paso a otro candidato: Alfredo Pérez Rubalcaba, apagafuegos con experiencia y vocación didáctica. Se sentó a explicar la crisis que no habían previsto, a predicar sobre injustos ajustes, pero los ciudadanos no le escucharon. Hoy mira con nostalgia a una Moncloa lejana, buscando quien le haga caso.

El penúltimo día de 2011, Rajoy se cortó un dedo y envió a Soraya, con él envuelto en un pañuelo, a enseñarlo tras el Consejo de Ministros. Desde entonces, por imperativos del euro o por el bien de España, el presidente del PP se desgaja falanges cada viernes. El último de marzo, un antebrazo enterito, del tirón y sin pestañear. Como ocurrió con Zapatero, por sus heridas sangramos todos, conminados a taponar con los muñones el elefantiásico agujero de nuestra  economía.