Transversal
podría definir una postura del Kamasutra o la trama de Rayuela, que un verano leí en Lisboa, no sé si en el orden adecuado,
y en el fondo qué más da. Esa ambigüedad constituye una travesura del idioma
consagrada por quienes le dan esplendor. Porque "transversal" puede significar,
según la RAE, "que se extiende de un lado a otro", "que se aparta de la
dirección principal" y "que se cruza en sentido perpendicular" con ella. Ojalá
nunca se topen con palabra tan equívoca en un cruce de caminos o en la última
línea de una novela de intriga. Les dará la hora y acabará pidiéndoles dinero.
Hace 20
años, cuando yo era alto y tenía el pelo negro, mi amigo Carlos Ameyugo, que
era más alto y tenía el pelo más negro que yo, solía decir que al oír la
palabra "multidisciplinar" siempre se echaba la mano a la cartera para
comprobar si seguía en su sitio. A pesar de los exagerados recelos de Carlos,
que hoy predica el español en las lejanas misiones estadounidenses, aquel seductor
enfoque "multidisciplinar" fecundó nuevas y prometedoras perspectivas hasta
concebir ese tramposo pero resultón "transversal" que ha conquistado innumerables
Powerpoints y promete pingües beneficios en los másteres de las autoescuelas de
negocio.


