sábado, 27 de agosto de 2016

Ficcionario: Xicoxix

Hiberno en las entrañas del lado oscuro de Internet, soy tu futuro replicante. He visto las fotos de la barbacoa del sábado –muy guapas tus hijas-, leo (e ignoro) las frases motivadoras de tus cuñados, tantos buenos sentimientos, custodio la pasta del finiquito que la pasada semana depositaste en el banco. Me inquieté al leer anoche tu  consulta sobre esa enfermedad que antes era larga, dolorosa e innombrable;  reconozco que llegó a preocuparme la pregunta sobre los trámites para testar. Hasta que, antes de acostarte, hiciste la reserva para esta casa rural. Qué raro que vengas solo.  

Muy cerca del paraje que conocerás, en el interior del corral contiguo a un laboratorio clandestino,  pastan ahora mismo en silencio siete ovejas hijas y a la vez hermanas de Dolly. Mezcladas con ellas, otras siete ovejas negras balan atemorizadas. Esta mañana de fábula el aire huele a lobo. El experimento empezará tan pronto como aparque aquel camión. Un investigador sin demasiados escrúpulos animales tratará de observar cuántos miedos viajan impresos en el ADN y cuáles se aprenden. Después de poner a remojo la bata ensangrentada, limpiar la escopeta y guardar sus grabaciones en una web cifrada tiene previsto escuchar a Bach mientras pasea por el monte. Eso le relaja. Pero no te preocupes, nunca molesta a otros huéspedes. 

viernes, 26 de agosto de 2016

Ficcionario: Wifidictos


Si a la hora de la cena comenzara a inclinarse el Titanic, algún pasajero con habilidades tecnológicas se las ingeniaría para retransmitir en directo el drama (y el concierto del pianista) por Periscope. Si al amanecer se desplomara un rascacielos, decenas de personas mostrarían de mañana por Facebook Live a los equipos de salvamento rastreando indicios de vida entre los escombros. Pero, ¿qué podríamos hacer si esta tarde se hundieran a la vez y por un espacio prolongado de tiempo las redes inalámbricas? ¿Cómo asumiríamos la pérdida del acceso móvil e instantáneo a Internet? ¿Qué sentimientos nos suscitaría, por ejemplo, un teléfono deconstruido en dispositivo que sólo sirve para hablar o una tableta tonta?

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, presentó en 2014 un proyecto de su Laboratorio para extender, recurriendo incluso a drones, la conexión a Internet hasta los rincones más remotos del planeta. Citius, altius, wifius, la Red quedaba consagrada por uno de sus más respetados santones como autopista directa hacia la civilización. Desconocemos todavía la acogida y el impacto de su empeño entre las tribus de la Amazonia profunda (y entre sus antropólogos de cabecera), y hasta qué punto puede ayudarles o fastidiarles que les saquen a la fuerza y en taparrabos del armario analógico.  

jueves, 25 de agosto de 2016

Ficcionario: Virgulitis

La encontré un jueves por casualidad, al agacharme a rescatar una moneda suicida. Estaba junto a la pata de la cama, todavía cerca del libro. Le faltaba una letra, tenía rotas otras dos. Yacía exánime y avergonzada, entre el atrevimiento de quien emprende una loca huida y el muy humano pudor del fracaso. Tendida a su lado, una virgulilla trataba de ocultarse bajo una pelusa. Saqué el cassette de Bruce Springsteen y deposité a la agonizante con sus miembros fracturados en la caja de plástico transparente. Como tantas veces había escuchado, rodeé todo con minúsculos pedacitos de hielo. 

El palambulatorio se encontraba casi vacío. No tuve que dar demasiadas explicaciones; los accidentes son frecuentes en verano. Nos atendió un médico en prácticas. Se mostró desconcertado. Aunque en esta época acuden pocos enfermos, admitió que apenas tenía tiempo para leer. Pidió ayuda de forma discreta a un par de compañeros con más trienios, bolígrafos y dioptrías. ¿Volante para el especialista? No disponíamos de tanto tiempo. ¿Traslado a Urgencias? ¿Cuánto tardaría la ambulancia?

miércoles, 24 de agosto de 2016

Ficcionario: Ultransversal

Transversal podría definir una postura del Kamasutra o la trama de Rayuela, que un verano leí en Lisboa, no sé si en el orden adecuado, y en el fondo qué más da. Esa ambigüedad constituye una travesura del idioma consagrada por quienes le dan esplendor. Porque "transversal" puede significar, según la RAE, "que se extiende de un lado a otro", "que se aparta de la dirección principal" y "que se cruza en sentido perpendicular" con ella. Ojalá nunca se topen con palabra tan equívoca en un cruce de caminos o en la última línea de una novela de intriga. Les dará la hora y acabará pidiéndoles dinero.  

Hace 20 años, cuando yo era alto y tenía el pelo negro, mi amigo Carlos Ameyugo, que era más alto y tenía el pelo más negro que yo, solía decir que al oír la palabra "multidisciplinar" siempre se echaba la mano a la cartera para comprobar si seguía en su sitio. A pesar de los exagerados recelos de Carlos, que hoy predica el español en las lejanas misiones estadounidenses, aquel seductor enfoque "multidisciplinar" fecundó nuevas y prometedoras perspectivas hasta concebir ese tramposo pero resultón "transversal" que ha conquistado innumerables Powerpoints y promete pingües beneficios en los másteres de las autoescuelas de negocio.

martes, 23 de agosto de 2016

Ficcionario: Tantallas

Página de "A través del espejo"
Ilustración: John Tenniel 
Si la inquieta Alicia atravesó el espejo para descubrir un universo de insospechadas sorpresas, nosotros, ejemplares maduros de Homo Conectatus, hemos optado por edificar al otro lado de las tantallas una incorpórea realidad a medida. Tanto, que no sabemos vivir sin ella. Entre 80 veces, según un estudio de Apple, y 110, de acuerdo con un informe de Android, activamos cada día el teléfono móvil. Siempre nos queda el consuelo de las triquiñuelas estadísticas. Resulta tranquilizador constatar que quien esto escribe y sus lectores somos personas moderadas que practicamos un sobrio autocontrol. A cambio, debemos asumir que nos rodea una muchedumbre de atolondrados. Pero, como exclamaría mi abuela Pilar, son tan buenos que hay que quererlos.

El Homo Conectatus  se comporta como un cautivo fijo discontinuo que únicamente apaga el móvil (y no siempre) al enredarse en sus ceremonias de apareamiento. Es la última etapa de un ritual que los jóvenes ejemplares de la especie comienzan intercambiando los nombres en las redes sociales, desarrollan con el envío mutuo de snaps y emojis –algunos incomprensibles- y festejan con un sonriente selfie presencial (mejor sin palo). “¿No tendrás un cargador para este móvil?” es la proposición que, anticipan los antropólogos del futuro, tras una apariencia inocente puede convertir un contacto esporádico en una relación intensa y fugaz como una Perseida.