viernes, 11 de julio de 2014

El libre albedrío del 13


“Sí, sí, síiiiiiii …. , enorme, Putoamoooooo”.  Joder, qué subidón Si lo meto, ganamos. Si lo meto, ganamos. Si lo meto, ganamos.  Campeones. Si fallo, a seguir tirando …  y ya sólo quedan los tiesos y los cagaos. Bueno, y yo, que estoy tieso y cagao.  “Tranquilos, lo meto seguro”. Ya imagino el periódico, letras grandes en medio de la portada. Y mi foto, corriendo como un loco, a pecho descubierto, para evitar que me recuerden con esta espantosa camiseta amarilla y el puñetero número 13. Y detrás, corriendo a abrazarme, todos estos cabritos

Me bautizaron Cenizo porque me tocó el 13. Me dieron el 13 porque soy el nuevo y fui el último en elegir. He debutado por sorpresa.  En la final. El míster me ha puesto, no explicó bien por qué. Ha dicho eso del equilibrio, pero lo dice siempre. Raro. Yo soy de pocos equilibrios. Puedo estar durante horas apagado, hasta que en un momento acelero y ya no pueden frenarme. Pero tantas órdenes hoy me han bloqueado.  Me la daban y la devolvía. Y el míster, tan contento. Qué rabia.  Y de regalo, el último penalti. Portero, vas a comértela, voy a reventarla por el centro. 

viernes, 27 de junio de 2014

Los-man-da-mien-tos-del-mís-ter


Noventa minutos y la gloria. Quizá otros treinta, quizá el fracaso. Ciento veinte y la agonía… La lotería de los penaltis.
  El momento de los listillos: “Su siete siempre lo tira a la derecha”.  Su siete estará  entonces tan tieso que será incapaz de distinguir una pierna de la otra. Además, de eso se encarga Putoamo, alguno parará… Mi problema somos nosotros. No-so-tros. El primer mandamiento del míster.  Hacer lo entrenado aunque salga mal. Aun-que-sal-ga-mal. Todos han apuntado en este papel y prometido, pro-me-ti-do, por dónde lo tirarán.  No quiero riesgos. 

Perder una final es una auténtica putada…  Al principio, nadie valora lo que ha costado llegar. Luego, que si justo o injusto; da igual, el resultado es el resultado y punto.  Merecido o no, ya da igual… El linier se comió el orsay, aquel  estúpido resbalón del central, la bola que rebota, el portero tirándose a un lado y mirando cómo entra por el otro…  Veteranos,  internacionales, algunos llorando, la cara tapada por las toallas. En una esquina, embaladas “para la eternidad”, no te jode, las camisetas de la celebración…  Me quedé allí,  derrumbado sobre un banco, agarrado a una botella cerrada de champán, rodeado de silencio, hasta que Putoamo vino a buscarme. 

martes, 17 de junio de 2014

'Putoamo' no tiene manías

Avanzo con determinación, entro en el área, alargo la zancada, sorteo el punto de penalti  y llego hasta el poste derecho. Camino sobre la línea como un  funambulista.  Aspiro todo el aire que puedo.  Hincho el pecho. Desafío, a través de la red, a los aficionados, más exaltados que de costumbre. Toco el otro palo y me clavo en el centro de la portería.

Ajusto los guantes. Primero el derecho, luego el izquierdo. Están algo desgastados;  no es día para estrenar. Grito a los laterales. Primero al derecho, luego al izquierdo. “Ánimo, que vamos a ser campeones”. Completo mentalmente la frase: “… si no dejáis tantos agujeros como el miércoles…”  Levanto los puños –primero el derecho, luego el izquierdo – para infundirles seguridad. “Hoy o nunca”.  Hoy. Yo. Campeones. Putoamo. 

Me apetece mear, debo haber cogido frío. O son los nervios. He pasado junto a la copa sin mirarla. He escuchado el himno en silencio, con los ojos cerrados, preguntándome si los espectadores notarían la presión en mi vejiga, si estarían aprovechando tan solemne momento para aliviar las suyas. Me he abrazado a los compañeros con la apresurada incomodidad de quien siente que ha dejado algo a medio hacer. Estaba casi metido cuando el segundo entrenador me ha retenido para recordarme no sé qué de evitar el patadón….  “Vale, tranquilo”. Mierdaconsejos. Campeones. Putoamo. Concentrado. 

viernes, 23 de mayo de 2014

Esta vieja, lejana y anodina Europa

El control de calidad de la democracia, el trabajo y los derechos, la imagen más culta de la modernidad. La Unión Europea, el ‘Mercado Común’ entonces, fue durante décadas el sueño prohibido de la España aislada y dictatorial. Habitábamos un país cejijunto, reducido al tópico turístico de las playas y la diversión, en una esquinita acomplejada que sólo asomaba la cabeza al continente con las cinco Copas del Real Madrid y cuyos sudorosos embajadores eran los emigrantes.
 
Medio siglo después, el sueño de la unidad europea ha encallado en su propia indefinición. Nació contra la guerra y para impulsar la recuperación, se transformó en un club de ricos, creció por un impulso geopolítico hacia el Este para enterrar la Guerra Fría, se atascó en una Constitución pactada y lejana. Ahora el proyecto comunitario se enfrenta enfermo a unas nuevas elecciones. Si los votantes damos por sentados –veremos si con razón- los principios del pacifismo y de la democracia, si el crecimiento retrocede y se resiente la justicia social, si los líderes descartan avanzar hacia la unidad o al menos una colaboración más intensa, ¿puede ilusionarlos sólo la gestión? Muchas gracias por los servicios prestados a los padres fundadores, misión cumplida. Fin de trayecto.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Universos y novelas

La tarde en que murió García Márquez desapareció sin misterio una miríada de palabras. Algunas sencillamente se borraron, salpicando de blancos los pentagramas del hijo del telegrafista de Aracataca. Otras echaron a volar, se escaparon de las páginas, mezcladas con el polvo que se revela al trasluz cuando el viento entreabre en la contraventana del tiempo.
Era jueves cuando la muerte se emancipó de la fabulación. Faltos de ritmo, aterrizaron a trompicones los hados del relato. Aquellas portadas del boom, universos y novelas, el homenaje al genio. Un sustantivo, impar y desgastado, agonizaba entre adjetivos retorcidos para destilar, infructuosamente, el jugo de la enésima imagen original. Los verbos, fuera de sitio, guardaban silencio. Luto en las letras.   
Algún día regresaremos con Melquíades a Macondo. Inventaremos vocablos y fabricaremos artefactos ahora ni siquiera soñados, nos empaparemos bajo ese diluvio cósmico que reblandece el alma, ahondaremos en los abismos genealógicos que transformarán en leyenda nuestros demonios familiares. Bajo el vértigo narrativo, volveremos a volar enhebrados al hilo de otra historia.
Entretanto, han concluido los tragos y hasta las putas están tristes. Al realismo, agotado y sin magia, le asoman tuercas y tornillos bajo los andamiajes. Ingeniería literaria, algoritmos sin sorpresa. Adiós a la poesía, dónde se ahogaron los sueños, nos preguntamos con los pies anegados en el fango, fatigados otra jornada más por tanta prosa.