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martes, 9 de agosto de 2016

Ficcionario: Hemingrey

Ernest come poco, sólo bebe agua y no caza más que resfriados en primavera. Al concluir la merienda, le toman la tensión -por segunda vez- e intenta completar un crucigrama. Comienza por las horizontales para evitar el vértigo. Lo llena de tachones y termina irritándose. Si nadie le observa, el pasatiempo concluye con un periódico enrollado que aprende a volar desde la ventana y aterriza desmadejado en el jardín. Los latidos se ralentizan, dormitan al fin los fantasmas, la taquicardia da paso a la pausa.  

Suele aparecer entonces esa señora miope con una conversación intrascendente que al principio le fastidiaba y ahora le sirve para ejercitar su personaje. Y él aprovecha para fabular sin disimulo, insertando mujeres y aventuras en la vida insípida de un niño tímido que a base de perseverancia consiguió ser bibliotecario. Se regodea narrando amistades incondicionales para engañar el olvido en vida del jubilado solitario al que sus hijos, siempre tan ocupados, han dejado de visitar. Luego cena en silencio, lee un rato los mismos párrafos, a veces reza no sabe a quién, procura dormir.   

miércoles, 7 de mayo de 2014

Universos y novelas

La tarde en que murió García Márquez desapareció sin misterio una miríada de palabras. Algunas sencillamente se borraron, salpicando de blancos los pentagramas del hijo del telegrafista de Aracataca. Otras echaron a volar, se escaparon de las páginas, mezcladas con el polvo que se revela al trasluz cuando el viento entreabre en la contraventana del tiempo.
Era jueves cuando la muerte se emancipó de la fabulación. Faltos de ritmo, aterrizaron a trompicones los hados del relato. Aquellas portadas del boom, universos y novelas, el homenaje al genio. Un sustantivo, impar y desgastado, agonizaba entre adjetivos retorcidos para destilar, infructuosamente, el jugo de la enésima imagen original. Los verbos, fuera de sitio, guardaban silencio. Luto en las letras.   
Algún día regresaremos con Melquíades a Macondo. Inventaremos vocablos y fabricaremos artefactos ahora ni siquiera soñados, nos empaparemos bajo ese diluvio cósmico que reblandece el alma, ahondaremos en los abismos genealógicos que transformarán en leyenda nuestros demonios familiares. Bajo el vértigo narrativo, volveremos a volar enhebrados al hilo de otra historia.
Entretanto, han concluido los tragos y hasta las putas están tristes. Al realismo, agotado y sin magia, le asoman tuercas y tornillos bajo los andamiajes. Ingeniería literaria, algoritmos sin sorpresa. Adiós a la poesía, dónde se ahogaron los sueños, nos preguntamos con los pies anegados en el fango, fatigados otra jornada más por tanta prosa.