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martes, 7 de agosto de 2012

Gente "pa tó" (IV): La fiambrera de las palabras resecas

Empeñado en no gastar, Mariano se ha obcecado en ahorrarse sobre todo titulares. El viernes, ante una jauría de periodistas hambrientos de una noticia que acompañe a oscuras estadísticas y sudorosas historietas de famosillos al sol, compareció con las palabras contadas y bien guardaditas en una fiambrera. Ofreció primero las recalentadas, para ver si picaban. Pero las viandas parecían resecas. Cuando, por su aviesa naturaleza o por mero rencor social, los plumillas afilaron el colmillo, Rajoy cerró apresuradamente la tapa. “Vámonos, tendrán ustedes que comer…”. Al final, la noticia era él, su propia presencia, acaso interesante en sí misma.  

Aun así, para disgusto de los noctámbulos pitonisos de la TDT, el presidente ya no evitó la palabra “rescate”; más bien se entretuvo jugueteando con el verbo subsiguiente... Si aquí esgrimía un dato, allá contraatacaba con la incertidumbre; cuando algún insensato osó aguijonearle con una opinión, él sentenció la discusión con un lugar común. En espiral infinita, en perpetuo bucle explicativo. “La situación es grave, no sabemos lo que haremos, haremos lo que convenga, convendrán ustedes conmigo que la situación es grave”. Tanto se ha aficionado al sobeteo del consenso que hace un par de semanas Soraya le sorprendió escribiendo una poesía en plural mayestático. “Es para Elvira”. “Ahí pone Angela”, repuso picajosa. “Chss”. “Tú verás”. “Es por España”. “Eso dicen todos”.

martes, 11 de octubre de 2011

Las (ciento) siete vidas de Chanquete

Recuerdo el nudo en la garganta la primera tarde que murió Chanquete. Con el tiempo y las incontables reposiciones, el disgusto por el deceso fue difuminándose hasta reducir la escena a una manida y entrañable broma generacional, precedente indudable de los actuales fenómenos virales de Internet. El pescador falleció en la pequeña pantalla en los primeros meses de 1982, cuando España esperaba ilusionada los milagros de Naranjito. La democracia parecía consolidada tras el fracaso del golpe de Estado, pero la situación económica era, para variar, preocupante.

RTVE, la única televisión que entonces existía, recupera este otoño incierto en su web –¡Chanquete en la Red!- todos los capítulos de aquel preadolescente “Verano azul” de Antonio Mercero. Si los Alcántara crecieron con Franco y prosperaron con Suárez, se enfadaron, se arrejuntaron y tuvieron hijos y hasta nietos, la pandilla de Nerja ha quedado atrapada en el tiempo, vagando por su particular día de la marmota con pantalón corto y flequillo. Treinta años después, la tensión sexual de Pancho y Javi en torno a la floreciente Bea ni se ha resuelto ni se resolverá; más bien ha quedado confinada en el desván de los improductivos pecados de pensamiento.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Las batallas perdidas del periodismo

No soy pesimista pese a los últimos meses, no me siento catastrofista aunque los medios de comunicación sean noticia cada día por despidos y cierres. Y sin embargo alguna vez me asalta la intuición de que nuestro sector ya se parece demasiado a la construcción: porque acusa la burbuja publicitaria heredada de la falsa prosperidad, porque casi todo está en venta, porque puede quedarse como un solar.

Los periodistas estamos perdiendo irremisiblemente la batalla de la fidelidad. La información pautada –a horas fijas, en formatos establecidos- ha cedido ante el nervioso picoteo procedente de las redes sociales. Inmediato, gratuito y participativo; más vale comprenderlo que demonizarlo, porque la tendencia se acentuará en las próximas generaciones. Hasta las páginas web, adaptadas al  ecosistema naciente, se han convertido al formato sábana: deben contener el mayor número posible de recursos, también de entretenimiento, espectáculo y oportunidades comerciales, para que el lector, siempre de paso, no sea arrastrado hacia la competencia por un diluvio de estímulos. Y en el combate a muerte por la sorpresa constante, nos vamos dejando, aunque nos duela, jirones de calidad.