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martes, 7 de agosto de 2012

Gente "pa tó" (IV): La fiambrera de las palabras resecas

Empeñado en no gastar, Mariano se ha obcecado en ahorrarse sobre todo titulares. El viernes, ante una jauría de periodistas hambrientos de una noticia que acompañe a oscuras estadísticas y sudorosas historietas de famosillos al sol, compareció con las palabras contadas y bien guardaditas en una fiambrera. Ofreció primero las recalentadas, para ver si picaban. Pero las viandas parecían resecas. Cuando, por su aviesa naturaleza o por mero rencor social, los plumillas afilaron el colmillo, Rajoy cerró apresuradamente la tapa. “Vámonos, tendrán ustedes que comer…”. Al final, la noticia era él, su propia presencia, acaso interesante en sí misma.  

Aun así, para disgusto de los noctámbulos pitonisos de la TDT, el presidente ya no evitó la palabra “rescate”; más bien se entretuvo jugueteando con el verbo subsiguiente... Si aquí esgrimía un dato, allá contraatacaba con la incertidumbre; cuando algún insensato osó aguijonearle con una opinión, él sentenció la discusión con un lugar común. En espiral infinita, en perpetuo bucle explicativo. “La situación es grave, no sabemos lo que haremos, haremos lo que convenga, convendrán ustedes conmigo que la situación es grave”. Tanto se ha aficionado al sobeteo del consenso que hace un par de semanas Soraya le sorprendió escribiendo una poesía en plural mayestático. “Es para Elvira”. “Ahí pone Angela”, repuso picajosa. “Chss”. “Tú verás”. “Es por España”. “Eso dicen todos”.

sábado, 14 de julio de 2012

Gente "pa tó" (II): El superhéroe de la podadera

Se lo entregó entero, sin guantes ni dedicatorias, y a cambio, probablemente, reclamó la bula compostelana. Mariano Rajoy, registrador de la propiedad, confiado y cachazudo, no voló el domingo hasta Santiago para protagonizar la devolución de un códice resucitado de entre las tinieblas. Eso lo hacen los políticos, incluso algunos presidentes… Pecador en ciernes, peregrinó a Compostela buscando la absolución preventiva que el miércoles iba a permitirle afrontar el triste destino de pisotear en público sus propios principios y una parte nada despreciable de los derechos ajenos.  

Adiós a las bromas, se acabaron las promesas, ni un mal chiste sobre el precio de las chuches. Después de repasar mentalmente los 32 mandamientos para el rescate de la banca española , Rajoy fue ganando altura dramática en la tribuna hasta entonar el dilema existencialista que desde aquel turbio septiembre de Lehman Brothers acostumbra a amenizar los ajustes. “No podemos elegir”, proclamó quien precisamente había sido elegido para salvaguardar nuestra soberanía económica. Al ritmo del acuciante tic-tac del contador de la deuda, Rajoy enumeró con esmero y entre aplausos la retahíla de recortes. Y hasta una diputada meritoria, hija de un presunto y reincidente afortunado con la lotería, coronó la orgía adelgazante con un expresivo “que se jodan”. La Cámara Baja ya era un bar; la calle comenzaba a calentarse.