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lunes, 6 de octubre de 2014

Artur Mas y la trampa del sentimiento


Justo cuando España se ha convertido en un país más pobre, Artur Mas insiste en que Cataluña ejerza ‘su’ derecho a decidir para ser más ‘libre’. Una propuesta oportunista, difícil de plantear en tiempos de prosperidad. Con un envoltorio engañoso, porque los no nacionalistas –y los no catalanes- podemos reclamar idéntico derecho.  
Imagen compartida en Twitter por @govern
Pero, quizá por tramposo, el relato independentista catalán resulta muy efectivo. En primer lugar, apela a la épica histórica de enmendar el pasado. Manipula conceptos legítimos (derecho, democracia, libertad) para dibujar un presente inventado del que cabría deducir que Cataluña –con una presencia nacionalista constante en su gobierno desde hace treinta años- se encuentra sojuzgada. No importa que la Historia desmienta esas pretendidas conspiraciones, ¿acaso no es fascinante formar parte de un mito restaurador o, mejor aún, fundacional?   
Este relato consigue, sin embargo, sortear cualquier prueba de veracidad. Al volar mecido por las ilusiones de independencia, se emancipa del sentido común, se aleja de ese pegajoso terreno donde las realidades pedestres (la distribución territorial de la riqueza, el reparto social de los recortes o las aportaciones del Estado central para aliviar el déficit catalán) se someten a un proceso racional de contraste y verificación.

martes, 17 de diciembre de 2013

Españoles, catalanes y ensimismados

Me nacieron en Valladolid, y aunque suelo reivindicar tan histórica cuna, reconozco que mis méritos personales, más allá de abandonar en el momento adecuado el útero materno,  son bastante limitados. Me siento castellano; ni viejo, ni nuevo, castellano a secas, originario de una comunidad  creada de forma artificial para redondear  el mapa autonómico porque ya se estaba agotando el café para todos.  ¿Austero? Probablemente ¿Enjuto? Cada vez menos. ¿Serio? A ratos…  Más español que orgulloso de serlo, dadas las circunstancias. Exultante en las victorias deportivas, pero especialmente por el valor del esfuerzo. Abochornado por la corrupción y el despilfarro de recursos públicos. Muy avergonzado de que,  siete décadas después de la posguerra, haya personas rebuscando en los contenedores de esta esquina de Europa que otras veces ha admirado y fascinado a tantos extranjeros. 

Lo diré sin rodeos: el nacionalismo, incluido el español, me importa poco y en algunas ocasiones hasta consigue aburrirme. Creo  en las personas  más allá de los prejuicios, doy importancia sólo relativa a himnos y banderas,  pero detesto la falta de respeto hacia los símbolos ajenos.  Me parece perfecto que haya ciudadanos íntegros e ilustrados  –no creo que sean necesariamente estúpidos o intrínsecamente malintencionados-  que se sientan más catalanes, gallegos o vascos que españoles. Que se sientan como quieran, no hay problema en eso…  Tengo amigos entre ellos y  lo seguirán siendo, más allá de su pasaporte.  Pero discrepo de que los colores de su corazón les otorguen  el derecho a construirse un mundo a medida.  Puestos a presumir de sueños, a edificar sobre el idealismo, prefiero un planeta sin fronteras.  Resultaría, sin duda, más justo.  

domingo, 30 de diciembre de 2012

Cap. XI: Año uno, empate a cero

‘No estamos donde quisiéramos estar’. Mariano, desconcertado por la sinceridad de su propia afirmación, se echó hacia atrás, miró al fondo de la sala, se tranquilizó al sentir sobre el pecho y la espalda la elástica de Casillas, ajustada bajo la camisa, la corbata y su chaqueta oscura.  Detuvo como pudo, todavía en frío, las primeras preguntas. Atornillado a la línea, fue despejando las malintencionadas menciones a los datos negativos. Contra las promesas pasadas, las realidades presentes, no-hay-que-engañarse; contra las realidades presentes, los pronósticos voluntaristas, hemos-cambiado-el-rumbo. Contra los pronósticos voluntaristas, la apelación a los valores, pido-comprensión-y-solidaridad. Y para rematar, rememorando el manualillo de Zapatero, el último condimento. Una pizquita de optimismo, coño, que somos españoles: 'Saldremos'.   

El presidente regresó a su despacho, al lugar donde sí quisiera estar, reconfortado y dispuesto a evaluar con Superlópez sus poderosos recursos persuasivos. Sobre el escritorio, la foto de Ángela Merkel, radiante y juvenil, retratada con el chándal de Mourinho. En la tele, Rubalcaba saltaba con el pie derecho sobre el alambre, retorcía la cintura enhebrando evasivas sobre las disensiones y disquisiciones del PSOE. Quizá porque el runrún de críticas internas le recordaba al desierto que dejó atrás o tal vez por practicar la alta política que predica puntualmente desde hace 37 años Su Majestad, Mariano le envió un mensaje privado de ánimo –‘Alfredo, aguanta, será mejor para todos’- antes de interrogar a su asesor de comunicación. ¿Cómo lo has visto?’ ‘Hemos salvado el empate, seguro’.