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lunes, 15 de julio de 2013

Argumentario mariano, de la A a la Z

Mariano Rajoy, este lunes (www.elmundotv.es)
'Al final, la vida es resistir, y que alguien te ayude, tampoco hacen falta muchos...' Mariano Rajoy ha interiorizado la pildorilla de autoayuda que envió por SMS a la esposa de Luis Bárcenas. Es probable que Rosalía Iglesias, al verla publicada en El Mundo, le devolviera el mensaje con idéntico texto pero algo menos de cariño. Luces rojas en Moncloa. ¿Comunicación de crisis o crisis de la comunicación? Más allá de los prolongados silencios, de las evasivas reiteradas, al presidente nunca le han faltado argumentos originales.   

-‘Al pan, pan; y al vino, vino’. La sabiduría del pueblo. Su primer mandamiento en la oposición. Luego, en Moncloa, llegaron los eufemismos. Hace unas semanas Rajoy se quejó públicamente de que la realidad, escurridiza y veleidosa,  le impedía cumplir su programa. Quiso regresar al realismo, pero sonó a resignación.

-B, la inicial del primer apellido de un ex tesorero del PP que el presidente preferiría olvidar. Podría conseguirlo, porque en sus SMS se dirige a él por el nombre, acaso se conozcan. ‘B’, esa otra contabilidad del partido que viaja en sobres y, según testimonios por confirmar, en cajas de puros. B, primera letra de la capital comunitaria, la otra sede de nuestro ejecutivo. B, el segundo plan si lo hubiera.  

-Cenizos, eso es lo que somos. ‘Lo que pasa es que a veces tenemos una cierta tendencia a contar las cosas que no son las mejores’, aseguró la semana pasada. Para eso, está claro,  mejor callar…

-‘El Estado de Derecho no se somete a chantaje’. Chí, cheñó, bien dicho. Alto, rotundo y claro. Leído despacito y mirando a la cámara. Un buen titular en términos comunicativos. Afirmación de lo general para evitar lo particular, si cobró sobresueldos y su relación con un presunto delincuente.  

-'A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión, que también es tomar una decisión'. De la escuela sofista. Cuando pronunció esta frase, Rajoy sopesaba pedir un rescate para España; después de aplicársela a sí mismo, afirma que cumplirá su mandato. ¿Y si la dignidad del Estado de Derecho aconseja precisamente que se le rescate del presidente?   

miércoles, 8 de febrero de 2012

La Justicia, a prueba

El 13 de enero la Audiencia Provincial de Sevilla condenó a 20 años de cárcel a Miguel Carcaño por el asesinato de Marta del Castillo. Además de exculparle del delito de violación, la sentencia absolvió a otros tres acusados de haber colaborado en la desaparición del cuerpo de la joven. Otro imputado más, conocido como El Cuco, menor de edad cuando se cometió el crimen, ya había sido condenado anteriormente a casi tres años de reclusión por encubrimiento. 

La sentencia asumía un hecho sin duda indignante. Que después de numerosas mentiras y contradicciones de los acusados, después de inútiles y gravosas búsquedas, aún no se ha recobrado el cadáver de la víctima. Al mismo tiempo, y debido a lo anterior, certificaba la falta de indicios probatorios suficientes para sostener contra ellos el delito de encubrimiento.

La reacción instantánea en las redes sociales y la respuesta ciudadana en la calle contribuyeron a consolidar la sensación, exagerada, de que el asesinato de Marta del Castillo había quedado impune. En la construcción de ese escurridizo consenso social que llamamos opinión pública, había un delito evidente (la ocultación del cuerpo sin vida), una condena anterior (a El Cuco) por ese hecho, el convencimiento judicial de que había participado “un tercero desconocido” y unos imputados que no habían colaborado con la Justicia. ¿Estaba claro? No para los magistrados.