jueves, 18 de octubre de 2012

Gente "pa tó" (cap. VIII): "La realidad me ha reñido"

Imagen tomada de Noticias Cuatro
‘El _ey me ha _eñido, al final del desfile, a la vista de todos, el muy ca…mpechano’. Ma_iano, ataviado con un culotte de Contado_  y la camiseta de Casillas, sin deja_ de pedalea_ , _esoplaba cada vez más fu_ioso. La bicicleta se inclinaba con violencia hacia ambos lados, a punto de despega_ del suelo desafiando su antidepo_tiva y ete_na condena al estatismo. Supe_lópez, incómodo, intentaba en vano alivia_ la c_eciente _abieta p_esidencial.   ‘¿Y usted que ha hecho?’ ‘Encoge_me de homb_os, mi_a_ al suelo, sin la e__e nadie me toma en se_io’. ‘Pero hombre, no se apure… tengo otro traje de superhéroe, aunque usado. Además, no lleva letras, pero, ojo, tampoco es invisible’.

Rajoy se enfundó _adiante los pantalones, hasta ajusta_los sob_e el tobogán de su t_ipita. ‘Grrrrracias, Súperrrrr’. Recogió tres dedos las mangas, echó la capa rojigualda hacia atrás y saltó eufórico a la montura. ‘Armstrong, Armstrong, Armstrong, maric…!’ El presidente multiplicó las pedaladas, dobló la espalda para apoyarse sobre el manillar en posición aerodinámica. Ganó velocidad hasta rasgar el aire acondicionado del despacho, levantó el trasero del sillín y, acelerando a tope, escapó de sus irrefrenables preocupaciones. Sprint corto, gritos de ánimo, los brazos en alto al cruzar la imaginaria línea de meta. Besos y azafatas, la foto soñada desde niño, con el ramo de flores, en la portada del ‘Marca’. Y el eco de sus cánticos solitarios: ‘¡Induráin, Induráin, Induráin…!’

sábado, 29 de septiembre de 2012

Gente pa tó (VII): Ma_iano quie_e se_ no_mal

­Mariano Rajoy llegó a Nueva York horas antes de que los autobuses de indignados aparcaran en Madrid. En una estampa propia de Photoshop, posó unos segundos con los Obama que, por educación o por error, le preguntaron por las hijas de Zapatero. Desconcertado, fingió no haber entendido la pregunta; de hecho, tampoco la entendió. “Amigo Barack, estarás aburrido de tanta foto… ”. El presidente estadounidense clausuró el duelo de equívocas amabilidades encogiéndose de hombros. Silencio contra silencio, sonrisa con sonrisa y que pase el siguiente. Cómo las gastan los superhéroes planetarios. Mariano tomó nota. Y dedicó sus dos tardes estadounidenses a retratarse para la efímera posteridad de Twitter con variopintos interlocutores.

A varios miles de kilómetros, varios miles de indignados rodeaban, en una iniciativa de predecibles consecuencias, el Congreso de los Diputados. Unidades antidisturbios, centenares de golpes, decenas de heridos. La Policía vencía a los puntos, también a los de sutura, hasta que se empeñó en exhibir su exceso de celo, quizá para recuperar la paga extra. Cuando el presidente pregonaba al vacío desde el estrado de la ONU su apuesta por la paz y la seguridad mundiales, las televisiones actualizaban el parte de guerra en la otoñal madrugada madrileña. Cuando vendía las reformas de España en la sede del “Wall Street Journal”, cuando juraba que enderezar la economía era una tarea “apasionante”, caras ensangrentadas y porras en alto reflejaban una sociedad en bancarrota, con creciente déficit democrático, la ilusion dilapidada y los ideales en el subsuelo.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Gente "pa tó" (cap. VI): Erre que erre

“¿Qué es mejor, Ángela, un buen banco malo o un mal banco bueno?”. Merkel no contestó, su mirada examinaba un maniquí semioculto tras la puerta del despacho de Mariano. “¿Y eso?” “Para que no se arrugue mi traje de hombre invisible". "¿Y eso?"  "Lo uso para pasear entre la gente, no tengo dinero para encuestas”. Ambos parecían exhaustos –y el intérprete, hastiado- después de un enconado cuerpo a cuerpo que habían iniciado discutiendo a sablazos sobre la reducción del déficit y, agitados por un entusiasmo propio de más enjundiosas perversiones, concluían con el lanzamiento a la cabeza de Rajoy de otro manojillo de ajustes poco aptos para espíritus desagradecidos.

“¿Qué es mejor, Ángela, retrasar la jubilación para salvar el euro o condenar al frío eterno el alma de los viejitos, encogidos y alejados del solillo de nuestra España?”. La canciller, sin ablandarse, sonrió azorada al recoger la carta y el poema. Erre que erre, le tendió unos folios. "Las condiciones, Mariano, tú verás...". El filo de la podadera, iluminado por la luz del mediodía, emitía destellos lúgubres que anticipaban un adiós glacial. “Vuelve cuando quieras”. El traductor carraspeó. De pie, en una esquina de la estancia, intentaba disimular su incomodidad ojeando una edición facsímil del Códice Calixtino, dedicada de puño y letra con rotulador verde fosforito por el arzobispo de Santiago.   

jueves, 23 de agosto de 2012

Gente "pa tó" (V): "Yo no soy un chisgarabís"

Empezó la Liga, comenzó la Vuelta Ciclista, concluyó la melancolía. Desde que los sudores deportivos vuelven a salpicar la siesta, Mariano Rajoy recupera el tono muscular en la  Moncloa. ¿Vacaciones? Tuvo, como buen español, pero no acabó de disfrutarlas. Ni una mala foto, ni un periodista despistado al que regalarle unas evasivas… Una tarde estéril, sucumbiendo al aburrimiento, el superhéroe se enfundó el traje invisible y salió a caminar. A paso ligero rodeó rotondas hacia ninguna parte, vadeó con arrojo inhóspitos carriles para bicicletas, se adentró indolente en un centro comercial criminalmente refrigerado.

Durante un rato se entretuvo subiendo y bajando las escaleras mecánicas. Contracorriente, por mero espíritu transgresor. (Ganas de fastidiar, que dicen otros).  Decidió dejarlo cuando, al esquivar a un jubilado en prácticas, golpeó con estrépito la fiambrera contra el pasamanos. Del interior cayeron algunas palabras: rescate, crédito, impuestos y, en fin,  pensiones. Para su sorpresa, Mariano comprobó que ya casi nadie se asusta de nada. Trató de contar los locales comerciales vacíos, pero al llegar a la veintena se detuvo. ‘Las últimas rebajas antes de la subida del IVA’, prometían, apocalípticos, algunos carteles. Para animarse, compró La Razón. No decía nada de su tupper comunicativo. Pero, aferrado al canutillo de papel, se sintió reconfortado.

Empeñado en concluir su poema para Merkel, Mariano buscó inspiración en unas fiestas populares poco aptas para tecnócratas. Las raciones de pulpo surfeaban sobre una marejada de cerveza mientras, en un televisor sin volumen, el gráfico de la curva de la prima de riesgo se asemejaba a la etapa reina. “Para estar sin curro en casa, mejor aquí animando la economía”. La sabiduría popular, paquete básico, gratis para náufragos, ajustados y supervivientes, había saltado la barra y se derramaba sobre los parroquianos. “Ya te digo”. Cuando la conversación derivó hacia una generosa ayuda de 400 euros para los parados, el presidente invisible optó por escabullirse. “Qué bonita es España”, oyeron exclamar a ese periódico enrollado o que se balanceaba al alejarse con una fiambrera. “Pos vale”, le contestó el camarero, subcampeón provincial de gracejo en 2011 y retirado esta temporada para adiestrar a tertulianos del corazón.

martes, 7 de agosto de 2012

Gente "pa tó" (IV): La fiambrera de las palabras resecas

Empeñado en no gastar, Mariano se ha obcecado en ahorrarse sobre todo titulares. El viernes, ante una jauría de periodistas hambrientos de una noticia que acompañe a oscuras estadísticas y sudorosas historietas de famosillos al sol, compareció con las palabras contadas y bien guardaditas en una fiambrera. Ofreció primero las recalentadas, para ver si picaban. Pero las viandas parecían resecas. Cuando, por su aviesa naturaleza o por mero rencor social, los plumillas afilaron el colmillo, Rajoy cerró apresuradamente la tapa. “Vámonos, tendrán ustedes que comer…”. Al final, la noticia era él, su propia presencia, acaso interesante en sí misma.  

Aun así, para disgusto de los noctámbulos pitonisos de la TDT, el presidente ya no evitó la palabra “rescate”; más bien se entretuvo jugueteando con el verbo subsiguiente... Si aquí esgrimía un dato, allá contraatacaba con la incertidumbre; cuando algún insensato osó aguijonearle con una opinión, él sentenció la discusión con un lugar común. En espiral infinita, en perpetuo bucle explicativo. “La situación es grave, no sabemos lo que haremos, haremos lo que convenga, convendrán ustedes conmigo que la situación es grave”. Tanto se ha aficionado al sobeteo del consenso que hace un par de semanas Soraya le sorprendió escribiendo una poesía en plural mayestático. “Es para Elvira”. “Ahí pone Angela”, repuso picajosa. “Chss”. “Tú verás”. “Es por España”. “Eso dicen todos”.