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domingo, 7 de agosto de 2011

Agostupefacto (II): Adiós, amigo Gurbie

En 1991 el escritor Eduardo Mendoza publicó, primero en “El País” y luego en la editorial Seix-Barral, “Sin noticias de Gurb”. Utilizando como excusa las desventuras de un extraterrestre extraviado, su ingenioso relato describía de forma hilarante la Cataluña y la España preolímpicas. Este post no es una imitación –imposible, por otro lado-, sino el homenaje de un lector con el confesable deseo de que, 20 años después, ilumine con su originalísima ironía la sociedad actual.


El hijo de Gurb se las pira. Retorna a su planeta. Una pena. Comparte piso conmigo en Lavapiés, Madrid, y está perfectamente integrado: tampoco tiene papeles. Podía haberlos conseguido, es de madre española, pero su afición a engullir gorras le aconsejó evitar las comisarías. Hace un mes, disfrazado de ancianita, se empeñó en ir a urgencias debido a un incómodo atasco intestinal. “Al menos estará usted empadronado”. “No, pero me han dicho que la Sanidad es universal”. “Espere que reviso el convenio, ¿dentro o fuera de la Vía Láctea?”. Le atendieron como si fuera alemán. O, qué lamentable confusión, turcochipriota. El desenlace, que podría definir como multimedia, se produjo en la sala de espera. Omito los detalles; avanzo a las consecuencias. Una enfermera precisó atención psicológica. El muy fetichista le robó la cofia antes de esfumarse. “Esto con el copago no pasaría”, farfulló un concejal de Hacienda que agonizaba con el presupuesto estrangulado.

Mi extraterrestre favorito –hay otros, “políticos” los llaman- está harto. Indignado como un egpañol de treg generacioneg. Teme que los mercados le ajusten, recorten o tal vez nacionalicen y malvendan. El miedo, el asedio al diferente. Su padre le trajo para que aprendiera y practicara la elegancia de nuestro idioma pero, abducido por el espíritu Erasmus, prefirió aplicarse a otras artes más sudorosas. Cortejó con una legión de japoneses a las Majas y a las Meninas (a unas más que a otras), ligoteó sin fortuna con una pariente lejana de doña Manolita, frecuentó las selectas tertulias filosóficas que diseccionan y divulgan a la hora del té lo que viene siendo el pensamiento intelectual de Belén Esteban. En primavera se arrimó al 15M y, sobre todo, a los agentes que suelen rodear a los acampados. Tantas gorras juntas, algún suculento casco. Hasta que en una fiesta infantil, después de zamparse entre coreados eructos –qué majos los peques- y no expulsar dos sables, tres gatos de peluche y un globo lleno de agua, conoció a su Hello Kitty.