“He visto a Bin Laden en Madrid, en un autobús de la línea 14” . Casi todos los periodistas hemos recibido alguna vez una llamada extraña en la redacción, de alguien que por lo general pretende ofrecer información o denunciar una injusticia. Pero la señora que telefoneó aquel día a la sede de CNN+ suscitó, además de sorpresa, comentarios poco misericordiosos. Su obsesión era comprensible. Osama el villano acaparaba todavía portadas y titulares en televisión.
El brutal y cinematográfico ataque terrorista a las Torres Gemelas había convertido al líder de Al Qaeda en el icono mediático del mal. Y de alguna manera parecía omnipresente. Cuando, semanas después del 11-S, George W. Bush desencadenó la invasión de Afganistán, la cadena catarí Al Jazeera difundió a continuación un mensaje grabado por Bin Laden jurando venganza contra los que participaban en la ofensiva, que definió como "una guerra de religiones".