“Votamos a Bernardo, todos” . La consigna se propagaba en voz baja. En el escrutinio, Bernardo arrasaba entre las sonrisas apenas disimuladas de sus seguidores. Después de proclamar los resultados, el profesor reclamaba la presencia a su lado del nuevo delegado de clase. Y estallaba la gran carcajada: el elegido no existía, nuestra argucia adolescente dejaba en evidencia la bisoñez del nuevo tutor. “De verdad, ¿no sabéis hacer nada en serio?”
En el PSOE tampoco están para muchas bromas. Cuando Zapatero anunció hace casi dos meses que no iba a ser candidato a la presidencia del Gobierno en 2012, muchos interpretaron que ya se había ido. Y la situación se ha desmadrado. En el discurso que anticipaba su adiós, el todavía líder socialista presumió de democracia interna y prometió un proceso de primarias, aludiendo a que Rajoy fue designado por Aznar. Pero los socialistas no han sacado el mayor provecho posible de ese mensaje de legitimidad.