“Sólo se puede salir de la crisis trabajando más y ganando menos”. La frase fue pronunciada en octubre de 2010 y se dirigía a los sindicatos. Esta misma semana, su autor, Gerardo Díaz-Ferrán, alejado por razones estéticas de la presidencia de la CEOE, ha declarado en la Audiencia Nacional como imputado por un delito de apropiación indebida de fondos de Viajes Marsans, una de las empresas que condujo a la quiebra. Y sin embargo su pensamiento se ha hecho doctrina para fortuna de su sucesor, Joan Rosell.
La reforma laboral seguramente era necesaria pero en absoluto es justa. Con 5,2 millones de parados y 10,7 millones de votos, a Rajoy le sobran avales para apostar. La parálisis no es una opción. Al recortar los derechos laborales en los contratos preexistentes, al facilitar la rebaja de sueldos y los despidos más baratos, el gobierno del PP ha señalado a los representantes de los trabajadores como corresponsables de los fracasos anteriores. Lo fueron, y también el ejecutivo socialista y por supuesto los empresarios, que sin embargo han salido reforzados de este golpe al pasado. ¿Y mañana? ¿Empleo futuro a cambio de precariedad? Demasiado lejos, todavía hay que salvar este presente de emergencias.